jueves, 15 de octubre de 2015

Santa Luzia, Conselho de Tavira, Algarve (Portugal)


Ficha Técnica:



Lugar: Santa Luzia


Localización: Conselho de Tavira, Algarve (Portugal)

Fecha: Otoño de 2015




Riqueza de texturas:
No entiendo por qué la gente deja de ir a la playa al terminar el verano. En realidad, es a partir de ese momento cuando más se disfruta de ella. Cuando el mar solo huele a mar. Cuando la arena rezuma un indescriptible y placentero olor a humedad salina. El pasado martes, con fingida ingenuidad, una conocida me comentó: "El puente en la playa mal, ¿no? Como os llovió". Sonreí para mis adentros porque, siendo rigurosa, no NOS llovió, llovió sin más, para todos en general y para nadie en particular, pero no respondí, no suelo malgastar mi saliva rebatiendo comentarios maliciosos. En esas situaciones prefiero afirmar con la mirada a sabiendas que de nada sirve explicarle a quien sentencia de esa manera que no, que precisamente esa fina lluvia fue la responsable de que el fin de semana fuera bueno.

A ver, empecemos por reconocer que no todos los días luce el sol. Ni sobre tu cabeza, ni sobre la mía. Pero que tu propia sombra no vaya pegada a tus pies en un momento puntual no implica que no exista, solo que lo hace de manera diferente. Eso mismo ocurre con los días nublados en los que la realidad parece dibujada en escala de grises: Se disfrutan de manera diferente.

Yo no soy de pasarme horas a pleno sol vuelta y vuelta. A mí me complace más que el viento me revuelva el pelo como lo hace mi padre cada vez que nos vemos, como si por mí no pasaran los años, como si aún permaneciera anclada en la niñez al igual que una de esas barquitas que se mecen en el puerto de Santa Luzia los días de lluvia. Llueve mientras ese mar (que en realidad es océano) permanece en calma. Eso es lo particularmente mágico. Reconozcámoslo, si hay un lugar especial donde poder disfrutar de los días grises, sin duda alguna ese lugar es la costa. Cualquier costa. La del Algarve portugués por ejemplo. 

Santa Luzia es un pedacito del Paraíso, créeme. Un rincón ajeno al mundanal ruido donde el cerebro se resetea de manera inconsciente. No, no voy a contarte aquí que puedes llegar en un pintoresco trenecito hasta "praia do barril" por apenas un euro. Tampoco voy a recomendarte cruzar la Ría Formosa, una de las siete maravillas naturales de Portugal, en barco hasta "praia da terra estreita". Si dejas danzar tus dedos por el teclado al son de las referencias que cito, aparecerán cientos de entradas que aportan datos objetivos sobre esta pequeña porción de mundo. ¿Para qué añadir una más? Yo soy del todo subjetiva, no ofrezco ningún dato que puedas contrastar a no ser que te presentes allí un día de esos en escala de grises y camines a mi ritmo por las mismas calles sin temor alguno a la amenaza de lluvia. Si puedes, quieres y/o te apetece, hazlo. No hay más.  

Santa Luzia, "capital do polvo" (del pulpo). Apenas cinco kilómetros cuadrados de área que no impiden perderse por sus estrechas callejuelas. A cuatro kilómetros y medio de Tavira, en dirección a Faro, el tiempo parece detenerse en este pueblecito de pescadores curtidos en mil batallas contra el Atlántico. Las casas, encaladas y costumbristamente descascarilladas con la dulzura de un merengue recién mordido por alguien que asegura estar a dieta, no pasan desapercibidas. Ni ni siquiera los vivos colores que enmarcan puertas y ventanas, como virutas de azúcar en un pastel de nata, rompen la inmaculada luz de sus fachadas.

Por eso, cada paso que se imprime en sus estrechas calles empedradas supone una realidad alternativa en la que el viento y la lluvia interpretan un papel estelar. 
Y es que, sin tener el renombre de Tavira, Castro Marim o Vila Real de Santo Antonio, Santa Luzia conserva el encanto de los pueblos de costa esbozados por Alberti con la nostalgia de su Marinero en tierra. Todo un placer para paladares sutiles.


Si aún te preguntas por qué los días grises son tan especiales en esta pequeña villa del Algarve portugués, igual al abrigo de una de sus terrazas con vistas al Atlántico, ante un buen plato de "polvo à moda da Terra" y una copa de Malaca (vino rosado de la denominación de Lagoa), igual... encuentres la respuesta. Boa sorte!

Sensación visual:
Mi hijo me mira, en silencio. Me mira con unos ojos enormes en los que me veo reflejada como en el espejo de la malvada reina del cuento de Blancanieves, aunque yo no busco ningún tipo de aprobación en ellos. Los observo con detenimiento y, pese a que no alcanzo a ver su infinita profundidad, sé que tras ellos se esconde una apabullante alma libre dispuesta a echar a volar. Lo sé y lo admiro, porque no hay pájaro enjaulado feliz, porque hasta el que solo conoce ese reducido espacio de metal sueña con el mundo que se extiende fuera. 


Quien carece de inquietud ignora lo que es realmente VIVIR.