jueves, 31 de diciembre de 2015

"Allez Allez Allez", una canción de Camille (2011)



Ficha Técnica:




Single:  "Allez Allez Allez"

Álbum:   Ilo veyou


Género:  Chanson

Intérprete:  Camille

País:  Francia

Año:  2011



De oídas:


Vivimos tiempos convulsos en los que los polos opuestos, más que atraerse, se repelen. Pese a la superpoblación mundial el ser humano se siente más solo que nunca. Solo y aburrido. Busca lo que ya tiene, mercadea con lo que no le sobra, desea lo que no le pertenece. Se abre un perfil en una red social desde el que cree dominar el mundo y lo único que consigue es su conversión en una oveja más del redil. Cierto aunque escueza.

"Allez Allez Allez" es un sencillo alegato pacífico al avance de la razón frente a la sinrazón. Los sentimientos más básicos recobran importancia mientras se insta a seguir hacia adelante, contra viento y marea, arrecie el viento a nuestro favor o en contra. Y es que en eso consiste la vida en última instancia: En no desfallecer. Tercera canción de un trabajo de 2011, saltó a la fama a principios de 2015 en Francia a raíz de los atentados de enero contra el semanario satírico "Charlie Hebdo". Aquel día lamenté cada vida sesgada por la barbarie, cada muerte innecesaria en nombre de cualquier dios, pero no me manifesté al grito de Je suis Charlie como nadie lo hizo, por ejemplo, al de Je suis police, ni real ni virtualmente. ¿Por qué?, porque no creo que la libertad de expresión esté por encima del respeto a las desigualdades, ni individuales ni colectivas. Cada mañana nos miramos al espejo, unas resignados, otras ilusionados, pero conscientes de que lo que hay es lo que se ve. Mido 1'55 metros, evidentemente no soy alta, pero no es necesario que nadie me lo recuerde una vez a la semana y, en el caso de que alguien lo hiciera de forma sistemática, tarde o temprano se las tendría que ver conmigo. El respeto es el contrapeso que nos ayuda a caminar por la cuerda floja; si prescindimos de él, tarde o temprano caeremos al vacío. No hay más. En esa etapa de confusión social fue cuando Camille entró a formar parte de mi día a día. 

Ilo veyou, anagrama de I love you, es el quinto álbum de la cantautora parisina Camille, cuarto realizado en un estudio. Mitad cantado en inglés, mitad en francés, el exquisito y simple acompañamiento musical hace de cada una de sus dieciséis canciones un placer indescriptible. Instrumentos clásicos de cuerda (violonchelo, violín y contrabajo) y de viento (trompa y tuba) acompañan en perfecta armonía a un juego vocal que deja sin palabras. De Piaf a Bjork, de Anna Lann a Lana del Rey, la heterogeneidad manifiesta en Ilo veyou es tan sublime como sencilla, tan intimista como complaciente. Si tuviera que elegir una sola canción de entre todas ellas para testimoniar lo que aquí escribo, con sinceridad absoluta reconozco que no sabría por cuál decantarme. Solo dale al play y cierra los ojos, lo demás vendrá solo, créeme. A veces surgen canciones que condensan todos los sabores habidos y por haber, letras que revolotean sutiles en la cabeza, melodías que hacen danzar las comisuras de los labios. Ese es el arte de Camille...


...y eso es lo que suelo escuchar cuando eternizo los trayectos en coche al ruego mental de "una más, solo una canción más". O cuando las montañas de papeles perfectamente ordenados parecen que vayan a engullirme sin remedio. Mientras espero por la tarde en la puerta del colegio o cuando deseo huir del mundanal ruido escondida bajo una mullida manta. 
¿Sabes?, en la inmensidad de tierra y mar que nos separa, resulta agradable poder contarte este tipo de cosas. Tan lejos y tan cerca al mismo tiempo. Porque cada vez que entras desde México, el Sol que nos alumbra en periodos alternantes se convierte en nuestro correo, ese que te lleva noticias desde España y que te cuenta al oído mis secretos. O cuando ya, desde la distante cercanía del mismo país, entras desde el iPad del trabajo a echar un vistazo, como quien no quiere la cosa, como quien mantiene vivo un viejo recuerdo que renueva a su antojo. O cuando entras a hurtadillas por la mañana, tras una jornada laboral de ministro, llevando a cabo el ritual de una religión que tú mismo decidiste dejar de seguir. Argentina. Reino Unido. Sé cuál es tu país, sé desde qué dispositivo me lees, qué sistema utilizas para ello y, aunque en realidad no sé quién eres, no necesito sentirte corpóreo para agradecer cada minuto que has invertido este año en mí. Dale al play y cierra los ojos. "Allez Allez Allez".





A cappella:


Acaba el año y con él empieza el  despertar de una lista de buenos propósitos que rara vez se llevan a cabo. 

Libérate por un momento de todos ellos y sé feliz, sin más. Es más fácil de lo que crees. El secreto reside en no dejar para mañana lo que puedas decir hoy. No hagas caso a quienes aseveran que las palabras se las lleva el viento y que lo que realmente importa son las acciones. Todo es importante, TODO, porque hasta lo superfluo nos define. Por eso, nunca restes importancia a los pequeños detalles. La mayoría de ellos requieren de un gran esfuerzo, de uno más grande de lo que puedas imaginar y que alguien te dedica a ti en exclusiva. Ni des por sabidas palabras que verbalicen sentimientos. Te aseguro que siempre es agradable escuchar un sincero "me importas", un nostálgico "te echo de menos", un sencillo "me gustas" o un tímido "te quiero". No des nada por sabido, no eres eterno. Y, puesto que quien menos da es siempre quien más pierde, sé tan generoso en palabras como en afectos: La vida te compensará por ello.  



En este nuevo año que entra, no permitas que nadie ocupe tu lugar.





¡Feliz, renovado y cultural 2016! 

domingo, 6 de diciembre de 2015

"Amantes de lo ajeno", una canción de "La pegatina" (2013)


Ficha Técnica:


Single: "Amantes de lo ajeno"

LP: Eureka!

Género: Mestizaje (Ska)

Intérprete: La pegatina ft Santi Balmes

País: España

Año: 2013




De oídas:

Pues sí, precisamente de oídas fue como conocí esta canción. Como se propaga un rumor malintencionado a la puerta de un colegio, o como se perciben los síntomas de una gripe inoportuna a finales de invierno. Como se descubre que alguien con quien apenas se tiene trato habla maravillas de ti a tu espalda, o como se sabe qué tal le va a quien ya no forma parte de tu vida. A veces todo se reduce a un simple "de oídas" que emociona, molesta, hace sonreír o, sencillamente, pasa desapercibido.

La pegatina no es mi grupo fetiche, de hecho ni siquiera conocía su existencia antes de que una de sus canciones, "Amantes de lo ajeno", se colara por el lateral de un probador bastante indiscreto que se negaba a cerrarse por completo. Aquel día nadie me esperaba al otro lado, nadie fuera de la tienda, nadie más allá. Sin horarios ni planificaciones al milímetro, decidí prestar atención a la letra que acompañaba a esa música que, tan volátil como un suspiro, se hacía escuchar. Fue entonces cuando descubrí que se trataba de una de esas canciones que te susurran en noches de luna llena una estrofa desconocida dueña de una historia conocida de esas que siempre le ocurren a otros. Y, en ese preciso momento, no pude más que rogarle a mi cerebro que retuviera alguna frase que pudiera ayudarme a encontrarla en Google, sobre todo para saciar esa curiosidad que dicen que mató al gato. Si eres como yo, sabes que el móvil nunca aparece a la primera; es más, podrías vaciar el bolso un par de veces antes de recordar que lo llevas guardado desde hace un buen rato en el bolsillo trasero del pantalón vaquero. Suerte de cerebro en modo "on" que retuvo el estribillo hasta intérprete y medio después. "Camino lejos, donde la sombra no pueda llegar. Camino lento, pa' que el olvido pueda negociar". 

Bendita tarifa de datos. "Amantes de los ajeno", una canción del grupo catalán La pegatina, un mano a mano íntimo y certero con Santi Balmes, vocalista del grupo indie Love of Lesbian (del que aconsejo escuchar la maravillosa "La parábola del tonto") a quien mi hijo adora gracias a la historia de Martina (Yo mataré monstruos por ti, Ed. Principal de los libros, 2011). No hay cabo que se desate que no tenga su extremo contrario atado a otro cabo. ¡Lo que son las cosas! Pues todo eso que no acierto a explicar es "Amantes de lo ajeno". La búsqueda insistente de algo que tienes ante los ojos y que por alguna extraña razón no llegas a ver. El reencuentro con la pareja de tu calcetín preferido que andaba perdida hacía meses. El excitante placer que produce la falsa intimidad de un probador con cortina. Si no me crees...





A cappella:

A veces, entre la multitud, pareces sentirte tan fuera de lugar como con un jersey de lana virgen en pleno verano. A veces permaneces anclado a un lugar fijo, enfangado en un cemento invisible que te llega hasta las rodillas, mientras la gente a tu alrededor camina a favor o en contra de la corriente. A veces tu existencia se intuye reducida al papel que juega la "ñ" en un teclado inglés sin saber cuándo ni por qué cruzaste la frontera británica. Es entonces cuando decides aislarte, correr la cortina hacia un lado con la intención de crear un vacío social que consiga asemejarte a quienes consideras tan diferentes. Sin embargo, por más que lo intentas, acabas reconociendo que acercar su borde derecho a la pared siempre supone que el izquierdo se separe más del borde contrario.

Todos nos hemos dado por vencidos alguna vez ante el insistente juego del tira y afloja de ese trozo de tela que parece aislar del mundo... pero no por ello hemos dejado de probarnos esos pantalones que nos gustaban tanto. Es solo cuestión  de actitud...


jueves, 15 de octubre de 2015

Santa Luzia, Conselho de Tavira, Algarve (Portugal)


Ficha Técnica:



Lugar: Santa Luzia


Localización: Conselho de Tavira, Algarve (Portugal)

Fecha: Otoño de 2015




Riqueza de texturas:
No entiendo por qué la gente deja de ir a la playa al terminar el verano. En realidad, es a partir de ese momento cuando más se disfruta de ella. Cuando el mar solo huele a mar. Cuando la arena rezuma un indescriptible y placentero olor a humedad salina. El pasado martes, con fingida ingenuidad, una conocida me comentó: "El puente en la playa mal, ¿no? Como os llovió". Sonreí para mis adentros porque, siendo rigurosa, no NOS llovió, llovió sin más, para todos en general y para nadie en particular, pero no respondí, no suelo malgastar mi saliva rebatiendo comentarios maliciosos. En esas situaciones prefiero afirmar con la mirada a sabiendas que de nada sirve explicarle a quien sentencia de esa manera que no, que precisamente esa fina lluvia fue la responsable de que el fin de semana fuera bueno.

A ver, empecemos por reconocer que no todos los días luce el sol. Ni sobre tu cabeza, ni sobre la mía. Pero que tu propia sombra no vaya pegada a tus pies en un momento puntual no implica que no exista, solo que lo hace de manera diferente. Eso mismo ocurre con los días nublados en los que la realidad parece dibujada en escala de grises: Se disfrutan de manera diferente.

Yo no soy de pasarme horas a pleno sol vuelta y vuelta. A mí me complace más que el viento me revuelva el pelo como lo hace mi padre cada vez que nos vemos, como si por mí no pasaran los años, como si aún permaneciera anclada en la niñez al igual que una de esas barquitas que se mecen en el puerto de Santa Luzia los días de lluvia. Llueve mientras ese mar (que en realidad es océano) permanece en calma. Eso es lo particularmente mágico. Reconozcámoslo, si hay un lugar especial donde poder disfrutar de los días grises, sin duda alguna ese lugar es la costa. Cualquier costa. La del Algarve portugués por ejemplo. 

Santa Luzia es un pedacito del Paraíso, créeme. Un rincón ajeno al mundanal ruido donde el cerebro se resetea de manera inconsciente. No, no voy a contarte aquí que puedes llegar en un pintoresco trenecito hasta "praia do barril" por apenas un euro. Tampoco voy a recomendarte cruzar la Ría Formosa, una de las siete maravillas naturales de Portugal, en barco hasta "praia da terra estreita". Si dejas danzar tus dedos por el teclado al son de las referencias que cito, aparecerán cientos de entradas que aportan datos objetivos sobre esta pequeña porción de mundo. ¿Para qué añadir una más? Yo soy del todo subjetiva, no ofrezco ningún dato que puedas contrastar a no ser que te presentes allí un día de esos en escala de grises y camines a mi ritmo por las mismas calles sin temor alguno a la amenaza de lluvia. Si puedes, quieres y/o te apetece, hazlo. No hay más.  

Santa Luzia, "capital do polvo" (del pulpo). Apenas cinco kilómetros cuadrados de área que no impiden perderse por sus estrechas callejuelas. A cuatro kilómetros y medio de Tavira, en dirección a Faro, el tiempo parece detenerse en este pueblecito de pescadores curtidos en mil batallas contra el Atlántico. Las casas, encaladas y costumbristamente descascarilladas con la dulzura de un merengue recién mordido por alguien que asegura estar a dieta, no pasan desapercibidas. Ni ni siquiera los vivos colores que enmarcan puertas y ventanas, como virutas de azúcar en un pastel de nata, rompen la inmaculada luz de sus fachadas.

Por eso, cada paso que se imprime en sus estrechas calles empedradas supone una realidad alternativa en la que el viento y la lluvia interpretan un papel estelar. 
Y es que, sin tener el renombre de Tavira, Castro Marim o Vila Real de Santo Antonio, Santa Luzia conserva el encanto de los pueblos de costa esbozados por Alberti con la nostalgia de su Marinero en tierra. Todo un placer para paladares sutiles.


Si aún te preguntas por qué los días grises son tan especiales en esta pequeña villa del Algarve portugués, igual al abrigo de una de sus terrazas con vistas al Atlántico, ante un buen plato de "polvo à moda da Terra" y una copa de Malaca (vino rosado de la denominación de Lagoa), igual... encuentres la respuesta. Boa sorte!

Sensación visual:
Mi hijo me mira, en silencio. Me mira con unos ojos enormes en los que me veo reflejada como en el espejo de la malvada reina del cuento de Blancanieves, aunque yo no busco ningún tipo de aprobación en ellos. Los observo con detenimiento y, pese a que no alcanzo a ver su infinita profundidad, sé que tras ellos se esconde una apabullante alma libre dispuesta a echar a volar. Lo sé y lo admiro, porque no hay pájaro enjaulado feliz, porque hasta el que solo conoce ese reducido espacio de metal sueña con el mundo que se extiende fuera. 


Quien carece de inquietud ignora lo que es realmente VIVIR.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Youri Menna, un "busker" napolitano en París (2015)


Ficha técnica:


Artista: Youri Menna (www.yourimenna.com)

Género: Busker (músico callejero)

Lugar: Plaza de la Ópera, bajo la escalinata de la "Ópera Garnier"  
(París, Francia)

Fecha: Sábado, 15 de agosto de 2015




Riqueza de texturas:


Cada día estoy más convencida de que los humanos tendemos a infravalorar nuestra propia capacidad. No pretendo asegurar con esto que cada uno de nosotros sea un genio en potencia, simplemente defiendo que somos portadores de una nada desdeñable virtud: El aprendizaje continuo y constante. Cada minuto del día ofrece una posibilidad de avance, un conocimiento nuevo, una vivencia extra. Que las "estrellas fugaces" no son estrellas sino meteoros del tamaño de un grano de arroz. Que los romanos llamaban "cristal" a cualquier mineral transparente (ya fuera cuarzo, mica o yeso) e incluso al vidrio sintético y laminado, lo que ha provocado la confusión lingüística que perdura hasta nuestros días. Que el núcleo interno de nuestro planeta está compuesto fundamentalmente por hierro y níquel. Que siempre se puede si se quiere. Da igual qué, cuándo o cómo. No importa ni siquiera quién o por qué. Cualquier paso, por pequeño que este sea, hace avanzar. Los caminos son infinitos, las opciones solo dos: Se avanza o se permanece en el mismo lugar por los siglos de los siglos.  

Este verano he conocido un nuevo modus vivendi, uno multicultural, fascinante y sorprendente. Este verano he disfrutado como nunca de lo siempre y todo gracias a una de esas maravillosas casualidades que sobrevuelan a nuestro alrededor como alegres mariposas para unos, aunque como molestas moscas para otros. Youri Menna, un italiano brillante en la "ciudad de la luz", me ha enseñado que el busker posee una vocación tan libre como la manifestación artística que representa. No se trata solo de un "músico callejero", es alguien que sabe meterse al público en el bolsillo con las primeras notas de su guitarra, alguien que hace a la gente tan protagonista de la música como lo es el artista en sí mismo. Nunca en mis cuarenta años de vida he visto una concentración tan grande de personas alrededor de un músico que coge su guitarra y se pone  a cantar en plena calle. Los balcones de la "Ópera Garnier" rebosaban de espectadores, en las escalinatas no cabía un alfiler, la Plaza de la Ópera era un hervidero de gente. Fue una sensación extrañamente placentera que duró casi dos horas. ¡Dos horas!


Pero, ¿sabes qué es lo realmente impresionante de todo esto? Que no se trata simplemente de una manifestación espontánea de arte que, como tal, merece toda mi admiración; que el ser busker es una forma de vida, un caminar continuo de lado al lado del planeta tras la sombra de un sueño. No es firmar un contrato ni salir en televisión. No es tener un millón de seguidores, sino compartir con unos pocos el aire que se respira en cada actuación. Es vivir (de) la música en libertad, sin condicionantes por ninguna de las dos partes. Es una filosofía vital arrolladora. 

No sé precisar cuántos disfrutamos del concierto de Youri Menna, más de cien personas seguro. No sé cuántos nos lo cruzamos por casualidad ni cuántos sabían por las redes sociales dónde y a qué hora iba a actuar ese día el napolitano. Pero sí puedo asegurar que disfrutamos de su actuación por igual. Que reímos con sus ocurrencias (unas en inglés, otras en francés). Que nos emocionamos con su sencilla puesta en escena. Que vibramos con cada uno de los registros de su voz. Sin palabras. Más de doce nacionalidades diferentes contabilizamos gracias a la simpática versión que del "What's going on" de 4 Non Blondes nos hizo improvisar (los españoles, sudamericanos e italianos cambiamos el "hey" por el "sí", los franceses por "oui", los alemanes por "ja",...). ¡Cómo nos lo pasamos entonando el estribillo de "Aïcha" en francés, el de "Nel blu dipinto di blu" ("Volare") en italiano, "Imagine" en inglés! Y es que Youri Menna implica a su público, sacia todas sus demandas con una naturalidad apabullante (de hecho una pareja de Japón le pidió cantar alguna pieza de ópera y entonó el "O sole mio" con la dulzura de un napolitano de origen y la capacidad pulmonar de un auténtico tenor). Impresionante. Las voces se unían en una. Daba igual de qué parte del mundo se viniera, porque allí, concentrados alrededor de Youri Menna, todos sonreíamos de la misma manera bajo el luminoso sol de París. ¿Quién necesita más?

Concierto íntegro en la Plaza de la Ópera Garnier (París, 17/05/2015)
Ve justo cuando se cumple la primera hora de concierto.
A los pocos minutos disfruta de Imagine, pero escucha antes su filosofía de vida... 



Sensación visual:


Hoy es un día muy especial. Hoy 19 de septiembre es un día muy especial para mí. Y no porque mi bienamado Jeremy Irons sople 67 velas, sino porque se celebra el "Día Mundial del Donante de Médula" con datos más que de agradecer en nuestro país. 

Hace unos días recibí por correo electrónico la confirmación de mi incursión en el REDMO (Registro de Donantes de Médula Ósea). Las células madres de mi médula parecen ser válidas para salvar una vida y me siento afortunada por ello. Si alguna vez dudé del por qué de mi existencia, al cumplir los cuarenta se me despejaron todas las dudas pasadas, presentes y futuras. Una forma como cualquier otra de ser feliz.


Quiero aclarar que con mi BLOG no pretendo aleccionar a nadie. No es mi intención remover conciencias ni guiar tus pasos. Cada cual es responsable de su vida y la disfruta como puede, quiere, le apetece o le permiten. Pero no deja de ser mi BLOG, por eso hoy, además de darte a conocer al mejor busker que se ha cruzado jamás en mi camino, aprovecho para recordar que donar médula es donar vida. A partir de ahí...


domingo, 6 de septiembre de 2015

"The Art of the Brick", exposición de Nathan Sawaya, París (2015)


Ficha Técnica:


Título original: The Art of the Brick

Género: Exposición itinerante

Artista: Nathan Sawaya

Lugar: "Paris Expo - Porte de Versailles, P.8" 
(París, Francia)

Año: 2015




Riqueza de texturas:


Siempre he tenido claro que no se disfruta de una ciudad si no se presta un mínimo de interés a las posibilidades culturales que esta ofrece. No importa en qué parte del planeta te encuentres, te lo aseguro, siempre aparece algo que rasga la rutina con la dolorosa sutileza con la que el milimétrico canto de un folio DIN-A4 rasga la piel. En ese sentido, precisamente en ese, este verano la caprichosa suerte no ha podido estar más de nuestra parte.



"Coloco mi alma en cada proyecto. Ese es mi mayor secreto"
Nathan Sawaya


Desde el 14 de mayo hasta el 30 de agosto de este año, la P.8 del complejo de exposiciones "Paris Expo - Porte de Versailles" acogió una muestra itinerante única e irrepetible en su género: "The Art of the Brick". Gracias a ella el artista neoyorkino Nathan Sawaya, maestro del modelaje con piezas Lego®, es capaz de sumergir a los aficionados al arte contemporáneo en un universo tan colorista y novedoso como monocromático y clásico. La Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, el David de Miguel Ángel. La noche estrellada de Van Gogh, El grito de Munch, El beso de Klimt. Obras de todos los tiempos reconocidas por el gran público alternaban en perfecta armonía con creaciones propias tan espectaculares que dejaban sin habla a los curiosos visitantes que, aun provistos de autoguías gratuitas (en francés o inglés), no dábamos crédito a tamaña proeza.


A camino entre la corriente surrealista de principios del siglo XX y el Pop Art (presente en los retratos de Bob Dylan, Janis Joplin, Jimi Hendrix y el máximo representante artístico de este movimiento, Andy Warhol), Nathan Sawaya destaca no solo por su originalidad creativa, sino sobre todo por su precisión artística. Pieza a pieza, con una profesionalidad magistral que se podía visualizar en distintas proyecciones a lo largo de la visita, el neoyorkino tiene la capacidad de crear un mundo alternativo en el que, lo que la mayoría consideramos un simple juego infantil, adquiere una nueva y sorprendente dimensión artística. Todo un privilegio para nuestros anodinos ojos de cíclope que, lejos de abrirnos las miras a nuevos mundos, nos limitan la visión. 

Créeme, era fácil para cualquiera perderse durante horas (por el módico precio único de entrada de 13'50€ los viernes) en las numerosas salas que componían la exposición. Tan fácil como lo era acercar los dedos a los pequeños bloques de colores para rozar tímidamente con las yemas el paciente trabajo de alguien que ofrece una atrayente concepción del arte alejada de aburridos estereotipos. 


Y por si todo esto fuera poco, al finalizar la exposición, tras quedar con la boca abierta en la última sala que albergaba el esqueleto de un dinosaurio casi a tamaño real, los visitantes podíamos disfrutar de un espacio habilitado para grandes y pequeños en el que desarrollar nuestra creatividad con las piezas de las distintas colecciones de Lego® o disfrutar de una amena partida con los videojuegos de DC Comics™, eso sí, rodeados de un merchandising del artista inusualmente barato para la calidad que el mismo rezumaba, nada comparable a los precios de los productos Lego® que allí también se vendían¡Qué sencillo es a veces ser feliz!

Cuando una persona, que podría presumir de cierto éxito profesional mientras disfruta de una apacible vida, abandona todo para seguir su propio instinto creativo, hace cargar sobre sus hombros dos quijotescos adjetivos: valiente y soñador. Eso es precisamente lo que hizo en 2004 Nathan Sawaya, ex-abogado de profesión, cuando decidió dar un nuevo rumbo a sus pasos: Vivir según los dictados de su propia intuición. 
Si tan solo tuviéramos el arrojo necesario para presentarnos a un quimérico concurso anual de merecedores de uno de esos dos adjetivos, sin duda que disfrutaríamos de estos pequeños regalos del destino con la fascinación de un niño de cuatro años. Doy fe.


Sensación visual:
Adoro las posibilidades que me ofrece la cotidianidad de mi vida. El no saber el lugar exacto por el que transitarán mis pies cada minuto del día. Adoro cuando se me cae la venda de los ojos después de haber pasado un tiempo completamente a ciegas pese a gozar de una más que aceptable visión. El sentirme liberada al disfrutar de la realidad tal como es y no como la había imaginado.
Adoro poder pasear por cualquier calle de cualquier ciudad con calma, a mi ritmo, sin obligaciones absurdas. Ajena a esa corriente que conduce a la mayoría hacia un mismo lugar. El poder ser yo por encima de cualquier convencionalismo impuesto por una sociedad en decadencia.
Pero si hay algo que adoro por encima de todo lo demás es no tener ya la necesidad de compartir con nadie, en busca de una absurda aprobación, este tipo de maravillas que acaban de un solo golpe con la rutina más pesada. No existe nada más gratificante al respecto que manifestarme aquí con el convencimiento absoluto de que nadie me lee. Ni siquiera tú que ahora sigues en una pantalla estas letras sobre fondo blanco como si de una legión de hormigas se tratase. Ni siquiera yo que lo estoy escribiendo. 
Intuyo que tú también te dedicas a vivir como te place, aunque ese mismo placer implique el tener que hacerlo conforme a una cultura heredada, según las normas de una sociedad en crisis o como impone la persona con quien convives desde hace años. En realidad, da igual desde qué cara del prisma miremos el mundo si ambos conseguimos vislumbrar las infinitas posibilidades que nos ofrece el otro lado. Aunque sea en la distancia. Aunque especialmente sea en la distancia.
"The Art of the Brick". París. Viernes, 14 de agosto de 2015

miércoles, 12 de agosto de 2015

"Lunes 12 de agosto", fragmento de la novela "La Tregua" de Mario Benedetti (1960)


"Lunes 12 de agosto.

Ayer de tarde estábamos sentados junto a la mesa. No hacíamos nada, ni siquiera hablábamos. Yo tenía apoyada mi mano sobre un cenicero sin ceniza. Estábamos tristes: eso era lo que estábamos, tristes. Pero era una tristeza dulce, casi una paz. Ella me estaba mirando y de pronto movió los labios para decir dos palabras. Dijo: “Te quiero”. Entonces me di cuenta de que era la primera vez que me lo decía, más aún; que era la primera vez que lo decía a alguien. Isabel me lo hubiera repetido veinte veces por noche. Para Isabel, repetirlo era como otro beso, era un simple resorte del juego amoroso. Avellaneda, en cambio, lo había dicho una vez, la necesaria. Quizá ya no precise decirlo más, porque no es juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo. “Hasta ahora no te lo había dicho”, murmuró, “no porque no te quisiera, sino porque ignoraba por qué te quería. Ahora lo sé”. Pude respirar, me pareció que la bocanada de aire llegaba desde mi estómago. Siempre puedo respirar cuando alguien explica las cosas. El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. Menos mal que alguien explica siempre las cosas. “Ahora lo sé. No te quiero por tu cara, ni por tus años, ni por tus palabras, ni por tus intenciones. Te quiero porque estás hecho de buena madera”. Nadie me había dedicado jamás un juicio tan conmovedor, tan sencillo, tan vivificante. Quiero creer que es cierto, quiero creer que estoy hecho de buena madera. Quizá ese momento haya sido excepcional, pero de todos modos me sentí vivir. Esa opresión en el pecho significa vivir".


Ficha Técnica:

Título original: La tregua

Autor: 
Mario Benedetti

Género: Novela


Páginas: 208


ISBN: 9788490626726

Editorial: DEBOLSILLO

País: Uruguay



Argumento:

Martín Santomé, un viudo de 49 años que vive en Montevideo, comienza a registrar en un diario su día a día, desde los momentos más rutinarios hasta la entrada en escena de Laura Avellaneda, una empleada a su cargo más joven que él con la que mantendrá una relación secreta. La naturaleza de una serie controlada de encuentros sexuales entre ambos desembocará en un amor tan incontrolado como vivificador. Sin embargo, esa tregua que la providencia parece haberle regalado a Martín durará poco y, de vuelta a su anterior vida, no le quedará más que reconocer que, en realidad, su existencia ha estado siempre destinada a la más absoluta, devastadora y deprimente rutina.    


En la teoría: 

El Diccionario de la RAE define "tregua", en su segunda acepción, como "intermisión, descanso". A su vez, define "intermisión" como "interrupción o casación de una labor o de cualquier otra cosa por algún tiempo" y "descanso", también en su segunda acepción, como "causa de alivio en la fatiga y en las dificultades físicas o morales". Me entusiasma que las palabras se relacionen entre sí con ese extraño afecto con el que se forjan las amistades en la etapa de colegio, esas que se van diluyendo con el tiempo y que son las primeras que se buscan en las redes sociales. Pocas cosas en esta vida nuestra ofrecen una visión tan certera de la realidad como el uso adecuado (y correcto) que hacemos de las palabras. Nos describen, nos conforman como personas, nos revelan ante los demás tal como somos y no tal como desearíamos ser (sonrío cada vez que escucho a algún avispado "agudizar" la vista mientras le pregunto mentalmente si no sería más conveniente "aguzarla". Siempre mentalmente, claro). 


Podría escribir cientos de adjetivos para un solo sustantivo atribuidos a La tregua sin repetir ninguno de ellos. Podría extraer miles de frases y enumerarlas aquí una tras otra como las cuentas de un collar de la exclusiva (y carísima) joyería Mouawad. Podría recomendarte de un millón de maneras diferentes que leyeras esta novela, poco a poco, sin prisas, sin condicionantes. Pero hoy no me apetece sacarme ningún as de la manga para intentar en vano ganarle la partida a las innumerables entradas que se publican a diario sobre Benedetti y su obra. Hoy prefiero concedernos una tregua, a ti y a mí, no porque no me crea capaz de divagar sobre el uruguayo, sino porque empiezo a considerar más que nunca que faltan demasiadas cosas por decir sobre algunas causas que apenas conocen descanso.

Mi hermana pequeña lleva años reprochándome el que siga sin aclararme con los colores que se utilizan en casa para el reciclaje. Y tiene razón, no me aclaro, ni con los colores ni con lo que es orgánico o no. Sí, sí, sé que no soy perfecta (ni lo pretendo), así que, a cambio de esa metedura de pata con el medio ambiente, para agradecer a la providencia mis cuarenta años de vida me he hecho donante de médula ósea. ¿Por qué? Porque la leucemia es el tipo de cáncer más frecuente entre los pequeños de 3 a 5 años. Porque vuelve a hacer estragos entre los 15 y los 20. Porque, al tratarse de una enfermedad de tipo hematológico, un banco de donantes a nivel mundial catalogados por el tipo de grupo sanguíneo puede salvar vidas. Porque solo 1 de cada 4 pacientes tiene un familiar compatible, los demás deben recurrir a registros como el REDMO (Registro de Donantes de Médula Ósea), que en España gestiona la "Fundación Josep Carreras". Igual surge algún motivo durante el proceso que implique que mi médula no sea válida para un trasplante, pero nunca podré reprocharme el no haberlo intentado.   

Está claro que todos sin excepción necesitamos en algún momento un periodo de tregua, uno de esos que llaman a la puerta (real o virtual) cuando menos se espera, que por arte del "birlibirloque" convierte lo ordinario en extraordinario, que remueve por dentro, que impulsa a renovarse por fuera. Pero, mientras eso ocurre, deberías tener presente que en tu sangre está el concederle una esperanzadora tregua a quienes más la necesitan. Hazte un favor, uno reconfortante, vital y vitalicio. Infórmate e informa. No te conviertas, en boca de Benedetti, en un "triste con vocación de alegre": #donamedula.  


En la práctica:

En este preciso momento cumplo 40 años. 

Mi abuela materna aún me recuerda que ese caluroso martes 12 de agosto se quedaron sin ver la actuación de Raphael en el "Teatro de Verano José María Pemán" de Cádiz porque a mí me dio por nacer aquella tarde, como si yo hubiera actuado por voluntad propia. Luego vino el problema de mi nombre, esa tarjeta de presentación que dice el gran Kundera que no nos está permitida elegir y que debemos llevar colgada del cuello el resto de nuestra vida, nos guste o no. La opción de mi padre fue Izaskun, una de las advocaciones vascas a la Virgen María. La de mi madre fue Vanessa, así, con doble sibilante. Al cura de turno, por suerte, le dio por objetar en ambos casos: No me bautizaría con ninguno de los dos nombres a menos que el "María" de rigor se uniera a ellos (una imposición estúpida tan propia de aquella época dictatorial). Mis padres se negaron. Nunca he tenido muy claro quién se decantó por Silvia (a secas), es algo que preguntaré algún día (en mi familia no son dados a hablar del pasado). Algún día. Tal vez.

En plena adolescencia, en la última mudanza que viví con mis padres, aparecieron dos documentos sobre mi nacimiento. En uno, amarillento y arrugado, constaba que mi grupo sanguíneo era 0-. Sin embrago, dos décadas después, el día antes de nacer mi hijo, verificaron en un análisis de sangre que en realidad soy 0+. En el otro, con una anticuada letra de colegio de monjas, se leía que yo había nacido tras nueve meses y nueve días de gestación. Si eso es cierto (que lo dudo mucho), mi fecha de concepción debió de ser el 3 de noviembre de 1974, día que la iglesia católica festeja a Santa Silvia de Roma. Casualidad o no, son pequeñas anécdotas que forman parte de mis primeros cuarenta años de vida, años que festejo con entusiasmo entre Perseidas (agosto) y Táuridas (noviembre) por pura coincidencia astral. Haciendo míos los sones de la chilena Violeta Parra




"Gracias a la vida, que me ha dado tanto. 
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto, 
así yo distingo dicha de quebranto, 
los dos materiales que forman mi canto. 
Y el canto de ustedes que es el mismo canto. 
Y el canto de todos que es mi propio canto". 




"Porte de Saint Martin". París, 12 de agosto de 2015