domingo, 28 de abril de 2013

“La última salida”, una novela de Francisco J. López Fernández (Ed. Vitela, 2010)



Ficha Técnica:



Título original: La última salida

Autor: Francisco J. López Fernández


Género: Novela


Páginas: 124


Editorial: Vitela


ISBN: 9788493848101







Argumentos:

En La última salida, novela con prólogo de Carmelo Gallardo Moraleda, Secretario General del Colegio Oficial de Enfermería de Sevilla, el autor construye una emotiva historia en la que da buena cuenta del valor y la entrega de los miembros del cuerpo de bomberos. Gracias a una trepidante narración que engancha desde la primera página, en la trama se evoca el incendio de los “Almacenes Vilima” ocurrido en Sevilla en 1968, tragedia en la que murieron dos profesionales del gremio. Autoeditada en un principio (Castillejo Ed., 2003), en esta nueva edición se incluye un relato inédito titulado “Colibrí” en el que se relata, al estilo colorista de la civilización maya, las experiencias de un bombero en Santa Tecla, una humilde población de El Salvador.
Dando paso a La última salida, “Colibrí” relata las experiencias de un bombero en Santa Tecla, una humilde población de El Salvador, tras una erupción volcánica. En la incansable y esperanzadora búsqueda de algún superviviente entre los restos de lodo, este encuentra un pequeño cuaderno semienterrado que sirve de hilo conductor a este cuento que tanto recuerda al realismo mágico del Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias y sus conocidas Leyendas. El relato fue escrito por el autor tras su regreso del terremoto de El Salvador de 2001.


En la teoría:

Haciendo memoria debo reconocer que, cuando a través de Facebook recibí hace un par de años la invitación para acudir a la presentación de La última salida (Ed. Vitela, 2010), no me lo pensé demasiado, al menos no tanto como me suelo pensar acudir a eventos similares. Ya Carmen, uno de los lazos de unión entre el autor y la que escribe, me lo había avisado en varias ocasiones: “Silvia, es una lástima que no conozcas a Fran, te sorprendería su carisma”. Y vaya si me sorprendió. Es curioso, en realidad no habíamos coincidido antes porque él llegó unos meses después de que yo me hubiese marchado. Intuyo que te preguntarás de dónde, pero esa, queridísimo consumidor de galletitas saladas, es una información carente de relevancia para la historia que nos ocupa y, por tanto, me reservo el derecho a no hablar de ello. El caso es que esta novela fue presentada el jueves 17 de febrero de 2011 en el Colegio de Enfermería de Sevilla en un acto distendido en el que el autor, arropado por numerosos amigos, varios conocidos y algún que otro curioso, hizo gala de un tremendo desparpajo en estos quehaceres literarios para delicia de todos los allí reunidos. Desde luego que Carmen no se equivocaba en sus halagos, en todo caso se quedó algo corta.

Al enfrentarnos por primera vez a la lectura de un texto literario, con independencia del género del mismo, deberíamos de hacerlo con la emoción contenida del primer beso y, como aquel, solo una vez saboreado sin prisas ni perturbaciones es cuando estaríamos en disposición de emitir un simple juicio de valor: Me ha gustado o no. Así recuerdo la lectura de La última salida, como el primer beso, ese que estremece la piel de pies a cabeza, ese que convierte tus piernas en metafórico alambre de insuficiente grosor para sostener el resto del cuerpo, el único que no se olvida. Y no es para menos, créeme, porque esta novela, que ha tenido una buena acogida en nuestro país, está haciendo furor al otro lado del Atlántico. Colombia, Venezuela, México, Costa Rica, gran parte de América del Sur ha caído rendida a los pies de una historia que alcanza ya los casi cinco mil seguidores en Facebook. ¿De verdad que no sientes curiosidad por ella?

Respecto a "Colibrí"… lo cierto es que es una de esas historias que son para el ánimo como unas pastillas de menta para el dolor de garganta: Un verdadero alivio. Incluido al inicio de la novela de referencia, hace de su autor, por encima de cualquier apreciación pasajera y afectiva, un mago de la palabra capaz de convertir lejanas realidades en casi familiares.

Cuando alguien escribe una historia que se cruza por su cabeza de buenas a primeras, una historia que no ha vivido en persona pero que irremediablemente forma parte de sí, es toda una suerte del destino poder sentarse tranquilo a escudriñar lo que de real y de imaginario concentran esas líneas. Pero cuando alguien deja constancia escrita de un acontecimiento que no solo marcó muchas vidas de forma directa sino la suya propia de manera indirecta, un triste acontecimiento tan sumido en su conciencia que las palabras llegan a fluir de su pluma como las lenguas de lava que devastaron toda una región, entonces no queda más que respirar hondo, cerrar los ojos y agradecer a la providencia la posibilidad que te presenta en forma de cuento. Eso es "Colibrí", un río de magma que funde todo a su paso, un torrente de emociones que conmueve y remueve el interior del lector, un inocente destino truncado por un capricho de la naturaleza. “Colibrí" emociona con la sutiliza de los colores acuarelados en un inmaculado lienzo y es que, ante todo, Francisco J. López Fernández compone una narración colorista al estilo de las grandes obras precolombinas de una tierra que jamás debió de ser conquistada de una forma tan inhumana y brutal. En esta breve composición las palabras se encadenan formando graciosas guirnaldas que una niña de grandes y expresivos ojos oscuros viene a regalarnos desde el más allá. La pequeña “Colibrí” se descubre más viva que nunca gracias a la sensibilidad de un hombre que, aunque nunca llegó a conocerla, fue capaz de dibujarla en mi cabeza con trazos muy precisos. Si aún te preguntas el porqué del éxito sudamericano de este escritor es que, amigo mío, no has leído nada de él.
  

En la práctica:

Esta extraña tarde de sueños extraviados dentro de un gran bolso verde de "Springfield" he cogido La última salida de su estante con la esperanza de encontrar la clave que me haga recuperar lo que creo perdido y de lo que otros hacen gala con una facilidad pasmosa. Me he sentado en la mecedora con mi hijo en mis piernas y, acunados los dos por su suave y monótono balanceo, he comenzado a leer “Colibrí” muy despacito, tanto como para que su infantil entendimiento no perdiera detalle de lo que su mamá con tanta paciencia le deseaba transmitir. Se ha dormido, antes de terminar él ya se había dormido. Sin duda alguna su inocente cabeza había decido empezar ella sola a dibujar los primeros trazos de la pequeña “Colibrí”.


viernes, 26 de abril de 2013

“El globo blanco”, una película de Jafar Panahi (1995)



Ficha técnica:



Título original: Badkonak-e Sefid

Guion: Abbas Kiarostami

Género: Drama

Duración: 85 minutos

País: Irán

Palmarés: "Cámara de Oro" a la mejor película en el Festival de Cannes 







Sinopsis:


El primer día de la primavera se celebra en Irán el Año Nuevo. La ciudad rebosa festividad y ajetreo a partes iguales. Razieh, una niña de siete años, sueña con conseguir el tradicional pez dorado de esas fiestas, pero no uno como los que nadan famélicos en el estanque de la modesta casa familiar, ella desea el lustroso que sirve de reclamo en un escaparate. Casi todos los personajes de la película aparecen en la escena inicial que se desarrolla en un mercado de Teherán, aunque no son introducidos en la trama hasta su momento oportuno. Con la ayuda de su hermano Ali, un par de años mayor que ella, convence a su madre para que le dé el dinero necesario para comprarlo. Pero el camino hasta la tienda donde venden peces dorados es muy largo y está lleno de peligros. Razieh, sola y desamparada, vive toda clase de peripecias antes de conseguir lo que quiere: pierde el dinero, lo recupera, se lo roban, se le cae por una cloaca. Al final, los hermanos reciben la ayuda de un joven afgano vendedor callejero de globos.


Primer plano:

Una de las joyas de saldo que encontré el pasado año rebuscando en cajones low cost fue El globo banco, una obra maestra del cine iraní, opera prima de Jafar Panahi con guion del aclamado Abbas Kiarostami (director de una de mis películas favoritas del género, A través de los olivos, en la que el propio Panahi fue ayudante de dirección). El largometraje, titulado Badkonak-e Sefid en persa, ha ganado numerosos premios internacionales, incluyendo la “Cámara de Oro” en Cannes, y hasta el British Film Institute lo ha considerado una de las cincuenta películas que todos deberíamos ver durante la adolescencia. El punto de arranque de la historia es de lo más sencillo: En la tarde del Año Nuevo iraní, una pequeña de siete años se encapricha de un pez dorado que ve en el escaparate de una modesta tienda. La simplicidad de la trama engrandece lo pequeño hasta límites insospechados. El viaje iniciático por las calles de Teherán de la pequeña protagonista lleva al espectador a reflexionar sobre lo bueno y lo no tan bueno que caracteriza al ser humano. La pérdida de valores no es una opción para este director iraní que, de forma magistral, realiza un retrato de la sociedad atemporal en el que el individuo es libre para elegir sus virtudes o sus defectos. Gracias a esta particularidad universal la tensión es continua a lo largo de una historia narrada casi en tiempo real.

Jafar Panahi es un cineasta perseguido por el régimen iraní de los ayatolás al punto de haber estado encarcelado varios meses durante 2009 y 2010. A finales de ese mismo año fue condenado a seis años de cárcel y a veinte de inhabilitación para hacer cine. No puede viajar al extranjero ni conceder entrevistas. Panahi ha perdido su libertad y lucha por sus derechos. Y mientras eso ocurre en Irán, aquí proliferan los peligrosos mediocres con ciertas pretensiones que se atreven a prejuzgar contenidos, que los difunden por la red sin consentimiento de sus autores (no me hagas hablar del caso de la menor de Twitter, por favor) y a encorsetar a quien libremente ejerce su libertad de expresión. ¡De auténticos mamarrachos está lleno nuestro país! En fin, créeme cuando te digo que El globo blanco es una película humilde y de pocas pretensiones que alcanza en ochenta y cinco minutos de proyección altas cotas de maestría. Todo apunta a que, pese a quien pese, la cotidianidad bien entendida puede considerarse una obra maestra.


 


Plano subjetivo:

Miro a los ojos de mi hijo a diario y me pregunto si su fondo seguirá siendo siempre blanco. Si mantendrá esa dulzura tan particularmente suya. Si aún querrá ser de mayor "quien vende las chuches en el quiosco". Si me dará esos maravillosos masajes suyos cuando intuya que el dolor se come mis articulaciones. Estoy segura de que el mundo a través de sus ojos debe de resultar un lugar maravilloso en el que vivir. Miro a los ojos de mi hijo a diario y me pregunto si en todo eso tendré yo algo que ver.


jueves, 25 de abril de 2013

"Bienvenidos al norte", una película de Dany Boon (2008)


Ficha Técnica:



Título original: Bienvenue chez les Ch'tis

Género: Comedia


País: Francia


Duración: 106 minutos







Sinopsis:

Phillippe Abrams es un funcionario de Correos al que destinan, en contra de su voluntad, a Bergues, un pueblecito en la frontera con Bélgica, tras haber fingido una minusvalía para optar a un destino en la costa mediterránea. Lleno de prejuicios, viaja solo al norte de país donde encuentra, en realidad, un lugar idílico con gente encantadora. Con el fin de despertar la compasión de su mujer y poder arreglar la situación entre ambos, le cuenta que vive un auténtico infierno. Pero un día, contra todo pronóstico, ella decide ir a visitarlo para que su situación sea más llevadera. Entonces Philippe se ve obligado a pedirles a sus nuevos amigos que, con ayuda del resto de los vecinos, representen una farsa y se comporten de forma que parezca que la vida en ese pueblo es verdaderamente una pesadilla.



Plano subjetivo:

Por recomendación médica, solo por eso, me dejo mimar. Aprovecho el tiempo extra que mi marido se encarga del niño para abandonarme al placer confesable que más me gusta: el séptimo arte (el placer inconfesable me lo reservo para otra entrada). Abro la puerta corredera del mueble, paso el dedo por los cantos de los DVD y decido que hoy es día de comedia. Bienvenidos al norte de Dany Boon, actualmente la película francesa que más ha recaudado en el país galo, la segunda en general detrás de Titanic y la cinta francesa más taquillera de la historia en Bélgica. Digo yo que algo debe de tener.

No recuerdo quién me comentó que esta película no valía la pena verla. Imagino que todo tiene su momento, hasta el visionado de una película, y claramente aquel era el mío pero no el suyo. La he visto dos veces a lo largo del día, una sola en v.o. (que cambié a los cincos minutos por una en v.o. con subtítulos en francés porque, siendo sincera, no me enteraba de casi nada de lo que hablaban los “chetis”) y otra en español acompañada por mi marido que hasta lloró de risa en la escena en la que el protagonista se hace el impedido para optar a una plaza de discapacitado en el sur del país. En realidad la traducción al español tiene poco que ver con la versión original. Yo admiro a quien ha traducido la película a nuestra lengua y ha intentado convertir a los franceses del norte en los españoles del sur, pero se ha cargado la mayoría de los puntos cómicos de la cinta. De todos modos, “pichula”, esta historia es simpática de ver en cualquiera de las dos lenguas, créeme. No es exclusivo de Francia que los dialectos contaminen la lengua, sin ir más lejos a nosotros, entre lenguas cooficiales, dialectos y hablas varias, a diversidad lingüística no nos gana nadie, por eso es fácil sentirse identificado con el protagonista, un hombre de andar por casa lleno de ideas preconcebidas sobre los habitantes de una región que no es la suya. Si quieres pasar un rato divertido no dudes ver esta divertida comedia plagada de segundas oportunidades.



Aquí en confianza, a mí Kad Merad (actor franco-argelino que interpreta a Philippe Abrams) me pone. Sí, lo reconozco, me pone muchísimo desde que lo vi por primera vez en 2004 interpretando el papel de Monsieur Chabert, el malpensado profesor de gimnasia de Los chicos del coro. Luego vinieron el excéntrico Jacky en París, París (2008), el entrañable padre de El pequeño Nicolás un año después (por cierto, si tienes niños no deberías perder la ocasión de ver con ellos esta divertida comedia familiar al estilo de las de nuestra época), el revolucionario padre de Lebrac en La guerra de los botones (2011) y el patoso Robert Pique en Monsieur Papa (también de 2011). Este hombre tiene su aquel, sus modos de actor de vodevil, la caída tragicómica de sus párpados, la sonrisa ingenua de niño travieso… suspiro al viento y también sonrío, ni tan ingenua ni tan traviesa, mientras dejo caer mis párpados tragicómicamente y reconozco que, sin ser actriz de vodevil, soy una teatrera nata. ¡Qué le vamos a hacer!, nadie es perfecto… ¿o sí?

domingo, 21 de abril de 2013

“Negocios ocultos”, una película de Stephen Frears (2002)


Ficha Técnica:



Título original: Dirty Pretty Things

Género: Drama. Thriller

Reparto principal: Audrey Tautou, Chiwetel Ejiofor

Duración: 107 minutos

País: Reino Unido

Palmarés: Una nominación a los Oscar (mejor guion original) y dos a los BAFTA (mejor guion original y mejor película británica). Stephen Fears ganador del Premio Sergio Trasatti en el Festival de Venecia





Sinopsis:


Okwe, un médico nigeriano que vive de manera ilegal en Londres, se pasa el día masticando “khat”, un estimulante que lo mantiene despierto, para poder soportar su ritmo vital. Durante el día conduce un taxi mientras pasa las noches en la recepción de un hotel de cuarta fila. El poco tiempo que le queda para dormir lo consume proporcionando asistencia médica a otros inmigrantes sin papeles con la ayuda de su amigo Guo Yi, un empleado del depósito de cadáveres de un hospital, que le proporciona antibióticos bajo cuerda. Okwe comparte apartamento con Senay, una joven turca que trabaja como camarera de piso en su mismo hotel y con la que mantiene una estrecha amistad basada en el respeto mutuo. Una noche cualquier Juliette, una prostituta que ofrece sus servicios en el hotel, pide a Okwe que desatasque su inodoro. La sorpresa de ambos es mayúscula cuando, al meter este la mano en el agua estancada, encuentra un corazón humano. La situación se complica en el momento que descubren que Juan, el gerente del hotel, realiza operaciones ilegales en las que se extirpan órganos a inmigrantes a cambio de pasaportes falsos.



Primer plano:



Sevilla sigue de feria (aunque no por mucho tiempo), lo que para el ciudadano mundano poco amante del albero supone calles cortadas al tráfico, servicios reducidos al mínimo, transporte público imposible, folclore casi obligado y horarios de apertura modificados sin previo aviso. Pero como todo lo malo siempre conlleva algo bueno, el centro de la ciudad, de normal abarrotado de turistas ávidos de consumir acera, luce perfecto para uso y disfrute de los que estamos acostumbrados a vivir Sevilla de otra manera. 
Anoche el casco histórico era el refugio ideal para los que huimos del caos del Real. Pudimos pasear sin necesidad de esquivar a los demás viandantes, cenamos en un lugar preferente a los pies de la catedral sin soportar una eterna espera y el niño estuvo corriendo a sus anchas mientras nosotros departíamos relajados sin preocuparnos por dejar libre la mesa a otro comensal. Pero como también todo lo bueno conlleva algo malo, a la vuelta, a medida que nos alejábamos de ese centro idílico, las calles iban perdiendo el color especial que nos venden las canciones de éxito de gasolinera y que no siempre coincide con la realidad. Lo cierto es que las grandes capitales no son tan diferentes las unas de las otras, ni siquiera sus ciudadanos lo son. Las vivencias suelen ser siempre las mismas aunque vistas desde el prisma de una cultura diferente. La periferia no suele mostrarse en televisión y es eso precisamente lo que se retrata en Negocios ocultos (Dirty Pretty Things), las partes de la ciudad que el turista no ve. 

En la filmografía de Stephen Frears hay un par o tres de joyitas de esas que guardo con cierto celo. La más antigua es Las amistades peligrosas, protagonizada por una soberbia Glenn Close (que se fue de vacío en los Oscars de ese año) y un John Malkovich capaz de adaptar de forma magistral los modos de un personaje escrito previamente. La más moderna, Alta Fidelidad, destaca por un reparto extraordinario encabezado por el eterno "Denny Lachance" de Stand by meJohn Cusack, y por ser la música la que guía una acción plagada de brillantes diálogos. Este director británico, sin ser de mis preferidos, sabe darme donde más me duele, por eso he repetido hasta cuatro veces el visionado de Negocios ocultos. Ese Londres de los bajos fondos y de las ilegalidades llama poderosamente mi atención. No cabe duda de que hay vida más allá del Palacio de Buckingham y de Chelsea, pero sorprende que una ciudad tan cosmopolita como Londres reduzca los suburbios a la nada más deprimente.

Dirty Pretty Things es un insólito thriller centrado en la vida de dos inmigrantes ilegales de la city que nadie ve. No te confundas, esta no es una historia convencional de extranjeros en un país extraño a los que la necesidad une, esta es una historia oscura de un submundo que en realidad está al mismo nivel que el suelo que pisamos cada día. Es la historia de gente que resulta invisible a los ojos de otra gente por el simple hecho de proceder de otro lugar. Stephen Frears en esta ocasión muestra la explotación laboral en Reino Unido de los que viven de forma ilegal en el país. Si a esta circunstancia se le añaden los giros que el director da a la trama de manera tan sutil como sorpresiva para el espectador, estamos ante una película que no debería pasarte desapercibida.







Plano subjetivo:

El ser humano tiende a creerse superior al vecino por tener en su mano el trozo de pan que le falta a ese. ¡Qué tristes somos! Casi nunca contemplamos la posibilidad de que el vecino no coma pan simplemente porque es alérgico a la harina.


sábado, 20 de abril de 2013

“Argo”, una película de Ben Affleck (2012)


Ficha Técnica:



Título original: Argo

Género: Drama


País: Estados Unidos


Duración: 120 minutos







"¿La CIA tiene a tres personas allí y no ven que se avecina una revolución? Eso es cualquier cosa menos inteligencia".


Sinopsis:

Noviembre de 1979. Los seguidores exaltados de un radical Jomeini toman la embajada de Estados Unidos en Teherán y convierten en rehenes a sus trabajadores. Seis diplomáticos consiguen escapar gracias al caos inicial por una puerta trasera. Tras pedir refugio en distintos consulados, finalmente es el embajador de Canadá quien los esconde en su propia casa. La opción menos mala para rescatar a esos funcionarios antes de que los iranís descubran su ausencia, los encuentren y los torturen en una plaza pública de Teherán roza el absurdo: Junto a un agente de la CIA especializado en rescates, los seis saldrán del país en avión haciéndose pasar por un equipo de cineastas canadienses en busca de exteriores exóticos en la zona para una producción de ciencia ficción. Basada en hechos reales, la tensión está servida desde el minuto uno.


Primer plano:

Mis padres han pasado unos días en casa. El niño se hace mayor al ritmo que ellos envejecen, imagino que por ese motivo se necesitan mutuamente algo más de lo acostumbrado. Ayer nos regalaron una tarde libre que aprovechamos para ir al cine (tenía mono terrible de sala de proyecciones, palomitas hipersaladas y coca-cola light de garrafón). La verdad es que la oferta en pantalla no era demasiado tentadora, pero como teníamos dos invitaciones tampoco nos íbamos a poner exquisitos. Primer vistazo general. Entre familias prehistóricas de dibujos animados, zombis adolescentes, remakes de época, héroes americanos que salvan el mundo, los odiosos hermanos Bardem y el hijo de Jeremy Irons haciendo sus primeros pinitos en el séptimo arte, la mejor opción parecía volver por donde habíamos venido. Veinte salas, ¿cómo es posible que no haya nada decente en veinte salas? Segundo vistazo. Escondida en el margen inferior del cartel de una película infantil sobre un villano de videojuegos reconvertido se encontraba la salvación (vaya, qué paradójico): Argo, la ganadora del Oscar 2013 a la Mejor Película.

El Ben Affleck actor que tú y yo conocemos siempre me ha parecido la versión humana de Mister Potato (el ejemplo más significativo lo puedes ver en School Ties, un film juvenil a medio camino entre El club de los poetas muertos y Rebeldes de Coppola). Es como si le hubieran tirado los rasgos faciales desde lejos y no los pudiera mover en los minutos que dura la película no sea que se desparramen por el suelo. Un actor, que no sea el grácil señor “papá” Irons, no puede medir un metro noventa, lo siento, no puede y no es que yo tenga algo en contra de los altos, de hecho me suelen gustar, pero es que a tanta distancia del nivel del mar los movimientos resultan toscos, mecánicos, carentes de improvisación. Sin embargo, el Ben Affleck director me parece una pasada desde los tiempos de Adiós, pequeña, adiós (durante una temporada fui adicta a las novelas de Dennis Lehane, autor también de Mystic River, cinta dirigida por Clint Eastwood, pese a la lentitud que supuran los escritos del primero y los trabajos del segundo). Pues perfecto, ya teníamos plan.

A grandes rasgos se trata de una dramatización de la participación de un agente de la CIA en el histórico rescate de seis diplomáticos de los Estados Unidos, refugiados en la residencia del embajador de Canadá, durante los primeros meses de la “Crisis de los rehenes” en Irán. La película comienza a modo de documental relatando las penurias a las que el “sha” sometía al pueblo y cómo, tras la destitución de este, los seguidores del Ayatolá Jomeini recriminan a los habitantes de Norteamérica el haberlo convertido en refugiado político. Las primeras imágenes, que mezclan realidad y ficción, son estremecedoras. La violencia irracional con la que se retrata al pueblo iraní me resulta exagerada, pero ya sabemos que Occidente siempre se ha afanado en distorsionar la imagen de toda cultura diferente a la suya. Eso sí, prepárate para subliminales mensajes patrios a lo largo y ancho de la trama sin olvidar la banderita de barras y estrellas ondeando al viento. Sin embargo, en términos generales, es una película que no te puedes perder. En realidad es fiel a la historia aunque lo sea desde un único punto de vista. La recreación de finales de los setenta es magistral. La banda sonora del compositor francés Alexandre Desplat es sutilmente perfecta. Los personajes, humanizados al extremo en ambos bandos, no se atropellan ni destacan los unos sobre los otros (salvo Tate Donovan a mis ojos porque fue mi ídolo de pre-adolescencia desde que lo viera pilotando una nave espacial en S.O.S. Equipo Azul). Todo en esta película encaja a la perfección como las piezas de un puzle Ravensburger, algo a lo que las pantallas de nuestro país no nos tienen acostumbrados.





Plano subjetivo:

Es cierto que he disfrutado de la oscarizada película de Ben Affleck con invitación, pero sin duda alguna habría pagado por verla. El mundo en el que vivimos está loco y, mientras encontramos un remedio físico, químico o sociológico contra la estupidez humana, una lección de historia no vendría nada mal a más de uno.


viernes, 19 de abril de 2013

I Concurso de Microcuentos "Érase una vez...un microcuento"

La capacidad imaginativa de un niño siempre me ha parecido uno de los fenómenos de la naturaleza más loables a la par que sorprendentes. Que un adulto de mi edad pueda contar historias con mayor o menor maestría depende, en mi modesta opinión, de dos factores: Lo que el sujeto en cuestión se haya implicado en la vida, bien como activista entregado, bien como observador pasivo, y el conocimiento que haya adquirido de la gramática de su propia lengua. En ese sentido, podríamos pensar que cualquier persona cercana a la cuarentena tendría una posición privilegiada respecto a las generaciones precedentes, ¿verdad? Pues NO, por eso admiro el potencial artístico de nuestros pequeños. Los adultos solo creamos, los niños inventan.
Pongámanos en situación. Sin ir más lejos, la pasada noche mi hijo de veintiocho meses, con esa vocecilla de tragador de helio que tiene, mantenía conmigo la siguiente conversación:

- Mamá
- ¿Sí, cariño?
­- Papá es ingeniero.
- ¡Ah, sí? ¡Vaya, qué interesante! (con los niños tan pequeños es conveniente ser muy teatral a la hora de hablar para que sus diálogos adquieran cierta relevancia, así se sienten desprendidos de todo perjuicio comunicativo. Los niños menores de cuatro años son susceptibles de aquejarse del mal de la “vergüenza verbal” si los adultos no les prestamos suficiente atención en esos trances).
- Sí (él sonrió como si acabara de revelarle a su madre el secreto mejor guardado de la historia).
- Mito... Entonces... si papá es ingeniero, ¿qué es mamá?

Touché!! reflejaron mis ojos en ese momento. Adoro las conversaciones que mantenemos juntos aunque la mayoría de las veces no conduzcan a ninguna parte y se reduzcan a un manido “mamá, Manuel ha pegado a _____ y Sara lo ha castigado en la trona” (cualquier nombre sin distinción de sexo es válido para colocar en la zona rayada porque ese Manuel de tres años y un mes no suele dejar títere con cabeza). Si continúa esta misma tónica, el día de mañana mi hijo no podrá presumir de ser un buen deportista, pero desde luego sí de ser un buen conversador. El caso es que lo puse a prueba. Estaba deseando saber cuál sería su respuesta aunque, claro, a mí cualquiera me parecería perfecta. Un “mamá es ingeniera” (no, no lo soy) habría servido para asegurarme de que controla el género, un “mamá es mamá” para comprender que me ve como su madre por encima de todo, un “mamá es Silvia” para ratificar que entiende mi individualidad personal. Bueno, que me enrollo. Decenas de respuestas se cruzaron por mi cerebro en esos segundos. Entonces él me miró con esos ojillos manga que luce y dijo:

- Mamá es... princesa.

Vale, me hago cargo. Tal y como está el patio monárquico español casi lo consideraría un insulto si procediera de otra persona, pero mi hijo, dentro de su maravilloso mundo de ensoñación de caballeros y dragones, ve a su mamá como la princesa protagonista de un cuento de final feliz. ¿No es para sentirse dichosa?

Ayer nos fuimos a la cama mi marido y yo con una sonrisilla cómplice. De nuevo una composición mía aparecerá recogida en una antología de próxima publicación, esta vez con motivo del I Concurso de Microcuentos "Érase una vez...un microcuento" de Diversidad Literaria. No creas que convierto este tipo de anécdotas en el tema de la tertulia de los domingos ante una cervecita fresca, qué va, mi ego dormita veintitrés horas al día y la que hace veinticuatro camina un palmo por encima del suelo gracias, normalmente, a algo relacionado con mi hijo. En realidad sonreíamos porque los dos sabemos que yo no tengo madera de exhibicionista (ni siquiera de la palabra) y si lo comento aquí es porque estoy segura de que tú tampoco lo gritarás a los cuatro vientos. Antes de apagar la luz respiramos aliviados al reconocer en silencio que aquella etapa oscura empieza a teñirse de colores. Para nosotros dos es motivo más que suficiente para sonreír. Espero y deseo que para ti también.

martes, 16 de abril de 2013

"Eres muy guapo", una película de Isabelle Mergault (2006)




“-Mami, ¿qué es ganar una (apuesta) triple?
-Es cuando alguien te quiere… mucho” 




No encontrar las palabras adecuadas para transmitir una emoción tal y como mi cuerpo la ha experimentado me da auténtico pavor. No soy nada de lo que puedas imaginar, no interpreto ningún papel, no intento ser algo ni alguien que no soy. Paseo anónima por las calles de una ciudad que, sin ser la mía, siento como tal y sentada en cualquier lugar, real o ficticio, espero observar en silencio cómo una sucesión de letras negras se va adueñando del blanco de fondo cual legión de hormigas de finas patitas deseosas de un dulce festín.

La comodidad de convivir con la persona que un día elegí me hace olvidar el dolor tan intenso que consume las entrañas cuando ves a quien deseas rozar sus labios con los de alguien que no eres tú. En la distancia, quizás escondido entre las sombras de una noche que preferirías no estar viviendo, observas el devenir pausado de sus manos a los largo de un cuerpo que no es el tuyo y, lo quieras o no, te imaginas el resto. Cierras los ojos para borrar esa imagen de tus retinas pero ni la oscuridad te ciega. Es entonces cuando el ritmo cardíaco se dispara, se descompasa con la cadencia de cada soplo de aire y el propio organismo entra en un estado de caos. En la distancia que supone el no sentirse correspondido terminas reconociendo, con la mirada fija en el suelo, que es lógico que tu lugar lo ocupe alguien más guapo, más alto y más rubio que tú. En esas ocasiones la decepción nos hace olvidar que las oportunidades que nos regala la vida no se pierden, solo las aprovechan otros.

Je vous trouve très beau (traducida al español como Eres muy guapo) es una sencilla historia de segundas oportunidades que gira en torno a Aymé (Michel Blanc), un campesino francés que pierde a su esposa en un accidente. Superado el shock inicial, el tosco protagonista centra su preocupación en lo arduo que se le hará el trabajo ahora que ella ya no está. Consciente de que en un pueblo tan pequeño las posibilidades de encontrar ayuda para su granja son tan escasas como las de hallar a una nueva compañera, Aymé recurre a los servicios de una agencia matrimonial para pagar con techo y comida esos servicios. Gracias a su excéntrica directora, que lejos de recluir a una francesita en busca de amor entre esas cuatro paredes le recomienda viajar a Rumania, ambos acuden a un país en el que una gran cantidad de mujeres, con sueños de pasarela, están dispuestas a cumplir sus deseos sin rechistar con tal de salir de la pobreza que las rodea. En este contexto tan cómico como trágicamente real, el encuentro con Elena (Medeea Marinescu), la única mujer que no le miente sobre su aspecto físico, será el punto de partida de un cambio de vida radical en el que el sentimiento de culpa por lo que se podría considerar una compra conduce con delicadeza la acción. Extraordinaria.

  


El silencio absoluto también me asusta. Me hace sentir tremendamente sola incluso estando acompañada. Algún día perderé el gusto por los pequeños placeres pero, hasta que ese momento llegue, esta película de tonalidades azules en la que la engañosa luna tiñe de blanco las solitarias noches me hace recordar que la valía de quien ama reside en aquello que solo sus ojos ven. Para qué más.

viernes, 12 de abril de 2013

"Mezcla de lejía y crema", un libro resultado del V Premio Ediciones Beta de Relato Corto (2013)


Ficha Técnica:




Título original: Mezcla de lejía y crema

Autor: Varios

Género: Relatos cortos

Páginas: 192

País: España

Editorial: Ediciones Beta

ISBN: 9788415495222






Argumento:

Compendio de los relatos ganadores en el V Premio Ediciones Beta de Relato Corto cuya temática fue "mi primera vez".




En la teoría:

Llevo algunos días pensando que estaría bien escribir una entrada sobre lo que ocurrió hace dos años y que cuento en el post anterior. Tranquilo, no es que hoy especialmente necesite alimentar mi ego, a ese vamos a dejarlo como está, más bien quería escribir algo para eternizar el recuerdo de aquel día y de todo lo que sucedió, porque nadie me tuvo en cuenta lo patosa que suelo ser, porque todo fueron atenciones y risas, muchas risas, algunas nerviosas, otras espontáneas, pero risas al fin y al cabo. ¿Sabes?, estuvo bien... pero me quedé sin demasiadas ganas de repetir. Y, cuando ya estaba convencida de que no me vería en otra de esas, esta mañana, mientras una de las traducciones que tengo pendientes se me resistía, recibo un correo de Ediciones Beta (www.edicionesbeta.com) en el que me comunican que mi relato "El sacrificio de Alcestis", presentado a concurso hace un par de meses, se publicará en una antología del género breve que será presentada, en principio, el próximo uno de junio en la carpa central de la Feria del Libro de Bilbao. Me quedé sin palabras, no supe reaccionar, en serio. Yo no estoy acostumbrada a estas cosas, me presento a concurso muy de vez en cuando para que algunos me dejen de dar la brasa con eso, pero... sigo felizmente sin palabras.



En la práctica:

La vida es generalmente extraña, hazme caso.

A medida que me hago mayor los quehaceres diarios me resultan tan rutinarios como repetir hasta la saciedad que mi primer apellido se escribe con dos "s". Lo peor es que, por poco que me atraiga, lo único que se me ocurre contra la mecánica costumbre es dejarme llevar por ella, actuar como si nada ni nadie pudiera darle cuerda a mi reloj vital (el biológico lo olvidé en el quirófano hace casi veintiocho meses y, a día de hoy, aún no he vuelto a por él). Todo parecía desteñido a mi alrededor, borroso al estilo de una foto antigua, hasta que una buena mañana descubro parada ante un semáforo en rojo que, en realidad, los colores vivificados no me pasan desapercibidos. Es entonces cuando me observo en el retrovisor consciente de que no solo estoy tarareando una canción de los payasos de hace treinta años, si no de que canto a pleno pulmón su estribillo y lo bailo como si fuera el último éxito radiofónico de Lady Gaga. ¡A mí que nunca me ha caído del todo bien Miliki! “Si toco la trompeta, tarataratareta. Si toco el clarinete, teretereterete. Si toco el violín...”, por fortuna a través de la red eres libre para imaginar mi voz, en directo no tendrías tanta suerte. En fin. Sonrío al tiempo que reconozco que mi hijo, el responsable de que en el CD de mi coche suene este tipo de música, mueve cada uno de los hilos de mi vida a su antojo desde que crecía en mi tripa y yo tan feliz.

Soy un grano de arena en el desierto, una brizna de hierba en el prado, la "u" invisible del "que" en un mensaje de WhatsApp. Espero sin desesperar y entre tanto, con los pies un palmo por encima del suelo, atesoro recuerdos y convierto el doce de abril, de hace dos años y de este año, en mi día fetiche.

Hazme caso, la vida es generalmente extraña.


II Concurso de Relatos "Clearblue"

¡¿Ya han pasado dos años?! ¿En serio? ¡Pero si parece que fue ayer cuando tal día como hoy llegaba yo a Madrid, nerviosa al extremo, para recoger el tercer premio del II Concurso de Relatos Clearblue en una de las salas de prensa del Teatro Alcázar! ¿Ya han pasado dos años? El tiempo vuela.
En aquella época mi hijo apenas tenía cuatro meses, por eso escribir sobre la experiencia que supone ser madre me pareció la mejor manera de demostrarme a mí misma que ningún obstáculo, por grande que pudiera parecerme, es insalvable. Su nacimiento fue rápido, tanto que casi ni me di cuenta de que estaba inmersa en todo un mundo de contracciones irrefrenables. Al contrario que el embarazo, aquel fue malo, peor que malo, pésimo e incluso peor, pero de eso ya no me acuerdo, ¡PUF!, se esfumó en cuanto sentí su mejilla junto a la mía… ¡y todavía faltaban los veinte puntos y las dieciséis grapas que me harán asegurarle dentro de unos años que sí, que digan lo que digan en el cole, él salió de la tripita de su mamá!
La organización aseguró que en esa convocatoria habíamos sido mil seiscientas las participantes. ¡Mil seiscientas! En ningún momento albergué la esperanza siquiera de ser finalista, de todos modos mi intención nunca fue ganar solo atreverme a participar, pero como la vida a veces es maravillosamente imprevisible, pese a no tratar el tema con el empalague que se esperaba, gané... el tercer premio, más de lo imaginado.





El martes doce de abril de dos mil once lo recuerdo con especial cariño, por la experiencia en general y por la compañía en particular, porque hubo una persona pendiente de mí durante todo el día que consiguió que me sintiera muy a gusto pese al trance de la jornada. Por circunstancias no mantenemos el contacto, en ocasiones las personas caminamos a diferente paso y ya sabes que esta que escribe no está hecha para correr, pero saber de su existencia me sigue resultando, desde el afecto, de incalculable valor. Gracias a ese repentino arrojo, aquel día será una fecha más para recordar, con una sonrisa traviesa, el resto de mi vida.