viernes, 27 de enero de 2017

"Ballerina", una película animada de Eric Summer y Éric Warin (2016)


Ficha Técnica:




Título original: Ballerina


Director: Eric Summer y Éric Warin


Género: Drama

Duración: 89 minutos


País: Canadá

Estreno: 27/01/2017 en España

              



Sinopsis:



Felicia y su inseparable amigo Víctor, recluidos en un orfanato de la Bretaña francesa, huyen rumbo a París en busca de una mejor suerte. Convencidos de que los sueños se cumplen si se lucha por ellos, ambos emprenden por separado su particular búsqueda. Mientras Víctor, en su afán por ser inventor, encuentra un hueco en el taller del ingeniero Gustave Eiffel en plena construcción de su famosa torre, Felicia, sin preparación previa, consigue presentarse a una audición en la escuela de baile de la Ópera para el papel de Clara en El cascanueces de Tchaikovsky. 






Primer plano:

Hoy se estrena en nuestro país Ballerina, una producción infantil francocanadiense curiosamente rodada en inglés (para mayor lucimiento de sus actores de doblaje: la hermanísima de EE.UU. Elle Fanning y el agrio emergente Dane DeHaan). Aunque su lanzamiento al público en Francia y Reino Unido fue el 14 de diciembre de 2016 y en EE.UU. está pospuesto para el próximo tres de marzo, hoy por fin llega a las salas españolas tras una semana repleta de preestrenos promocionales a lo largo y ancho de nuestra geografía patria (a uno de los que, por cierto, pudimos acudir). Animada en 3D como viene siendo habitual en las producciones infantiles ajenas a Disney-Pixar y DreamWorks (especialista en estos quehaceres), pretende sumergir a los pequeños cinéfilos en un tanto edulcorado mundo real en el que los sueños no "deben permanecer encerrados bajo llave". Y es que, si hay algo de lo que puede hacer gala esta cinta de segundas oportunidades vitales, es el ofrecer, entre fotogramas digitales y música pop de lo más simple, una valiosa lección de vida que va más allá del manido "los sueños se cumplen con esfuerzo": 


Cualquiera puede, si tiene a su lado a alguien que se lo haga creer. 

En sí, la forma se asemeja a un ballonné bien ejecutado, básico, sin mayor floritura, pero digno de ver. Sin embargo, el verdadero problema recae en el fondo y es tan evidente que, por mucho empeño que le pongan, esta no va a ser considerada la película del año, es más, me aventuro a asegurar que ni siquiera estará entre la más entretenidas y/o taquilleras de los interminables meses de invierno. Principalmente porque la historia de Felicia se queda corta, muy corta; porque toca demasiados temas sin ahondar en especial en ninguno de ellos, pasando por el día a día de la protagonista como una bailarina experimentada, de puntillas y sin hacer apenas ruido. Sí, soy consciente de que se trata de una película infantil, ¿y? Cualquier cerebro de entre tres y diez años puede procesar más información de la que imaginamos, ¿por qué, entonces, no ofrecer poca de buena calidad antes que mucha cogida con pinzas? ¡Vete tú a saber!


El pasado sábado 21 de enero pudimos disfrutar de su preestreno. Cosas que pasan. Y mientras esperaba a que se apagaran las luces de una sala medio vacía en la que el número de adultos doblaba al de los niños, me dio por preguntarme por qué el cine infantil gira últimamente alrededor de protagonistas femeninas, humanas (Vaiana en la película homónima, Tip en Home, Riley en Del revés, Tulip en Cigüeñas) o no (Dory en Buscando a Dory, Poppy en TrollsJudy Hopps en Zootrópolis), protagonistas femeninas que han abandonado la espera pasiva de un príncipe azul en pro de la búsqueda activa de su propio yo. Estoy segura de que esto es algo que a mi hijo de seis años le pasa del todo desapercibido, de hecho ni siquiera creo que sea consciente de que el papel masculino en el cine infantil está relegado a roles secundarios que suelen aportar las notas de humor (Víctor en Ballerina, Martin en Buscando a Dory, Oh en HomeNick en Zootrópolis, Brunch en Trolls), pero es que la espera en un cine rebosante de gritos y lloros puede resultar de lo más exasperante si no se es capaz de desconectar aunque sea llenando el cerebro de teorías feminista de conspiración. 


Echando la vista atrás, aún no entiendo bien por qué aquella mañana la sala estaba tan desierta. No sé a ti, pero a mí me resulta fascinante observar los ojos expectantes de un niño que mira absorto una manifestación artística de esta sencilla y popular envergadura. Sé muy bien que en nuestro país, por desgracia, la cultura no se vende a precio de saldo, pero los videojuegos tampoco y nuestros telediarios se hacían eco hace un par de meses de las kilométricas colas que se formaron para conseguir el último Call of Duty para la PS4. Imagino que todo es cuestión de priorizar los intereses particulares, de rentabilizar lo que se invierte, de no dar por perdido un dinero que por lo general no sobra y en esto, muy a mi pesar, el séptimo arte lleva las de perder. Cada cual es dueño de sí mismo y de lo que abulta sus bolsillos, por eso yo, a día de hoy, agradezco que mi hijo disfrute más viendo una película en el cine con papá y con mamá que ante la pantalla de una consola recluido en su habitación. Cuestión de priorizar, rentabilizar y de no dar por perdido.  

A lo que iba. A ojos de un niño de apenas seis años, Felicia y Víctor, los protagonistas de Ballerina, persiguen sus sueños por las calles de París ajenos a cualquier inconveniente que se les presente. A sus ojos da igual que sean huérfanos, que viajen sin equipaje o que vivan sin dinero, porque sus ojos aún no son conscientes de la irrealidad que proyecta esta historia. Sin embargo, a mis ojos todo transcurre con cierta normalidad aparente puesto que ambos se cruzan con personas valiosas que les ayudan a cambio de nada en la consecución de sus objetivos. Un amigo, una tutora, un mentor, sin los que ninguno de los dos habría visto cumplido sus sueños. No sé que pensarás al respecto, pero yo estoy convencida de que en esta vida no hay nada mejor para llegar a ser lo que quieres que una persona a tu lado que te lo haga creer. Lo sabes, ¿verdad? Si no, deja por un minuto todo lo que estés haciendo, solo será un minuto, quizás menos (uy, vaya, por un momento me he visto como Peeta Mellark hablando desde el Capitolio, en fin). Si miras hacia atrás en el tiempo, no me cabe la menor duda de que recordarás más de una piedra en el camino que ralentizaba tu marcha, tal vez algún pedrusco en la mochila que te obligaba a parar cada poco en el arcén perdiendo la esperanza de reemprender la marcha o una china en el zapato que te forzaba a cojear... Pero también sé que sonreirás al evocar la silueta de quien recogía sin mediar palabra una a una las piedras de tu camino para que no tropezaras con ellas, la de quien aligeraba el peso de tu mochila para que pudieras, al menos, plantearte reanudar la marcha o la de quien quiso prestarte sus zapatos para que volvieras a la normalidad. En eso consiste la vida, en afrontarla en buena compañía, aunque sea una compañía en la distancia, aunque permanezca muda durante un tiempo, aunque hagas como que ha dejado de existir para ti, aunque no crucéis vuestras miradas en el pasillo de casa. Puede que solo llegues más rápido, pero disfrutarás menos del trayecto y eso, precisamente eso, es lo que hace de Ballerina una historia muy recomendable para disfrutarla en buena compañía.


Pero, más allá de hora y media de venturas, aventuras y desventuras de dos huérfanos por las calles de un industrial París de finales del siglo XIX, hay algo que falla con gran estrépito en la película, algo básico para una historia de este tipo: la B.S.O. Conducida por el compositor alemán Klaus Badelt (conocido por sus colaboraciones con el afamado compositor Hans Zimmer, también alemán, responsable de las B.S.O. de GladiatorPiratas del Caribe y de la oscarizada El rey león), mezcla de una forma bastante "frankensteiniana" composiciones instrumentales originales con una ristra de canciones pop de jovencitas de dudoso gusto musical que no pasan de los treinta y que, contra todo pronóstico, culminan el baile final de la película. ¡Todo un despropósito!

A ver, no era necesario ser demasiado creativo para haber utilizado en su favor a Tchaikosky, sobre todo porque Felicia, protagonista indiscutible de la historia, audiciona en la Ópera de París para el papel de Clara en la obra El cascanueces. ¡Pero cómo se ha podido pasar tan de puntillas por una pieza que haría GRANDE a esta simpática peliculilla infantil! Yo no soy una entendida del ballet, ni siquiera se me podría considerar una mera aficionada, pero conozco la indescriptible belleza de la "Danza del hada de azúcar" y el sonido punzante de la celesta. Una pieza así habría dado un juego increíble a una película ya de por sí visualmente arrolladora en sus movimientos de ballet más allá de las nostálgicas notas de una pequeña y desvencijada caja de música. Pero no, alguien que debió de pasar una mala noche en brazos de Morfeo decidió de manera equivocada que era más conveniente (por no decir absolutamente comercial) que los pequeños la asociaran con el "Confindent" de  Demi Lobato (pica aquí para escucharlo) o el "Unstoppable" de Camila Mora (haz lo propio aquíantes que con cualquier pieza del inimitable Tchaikosky (pincha aquí para disfrutar de tres minutos y medio de puro romanticismo musical). ¡Una auténtica lástima! 

Sin entrar en más detalles (sabemos ambos que me pierdo con facilidad cuando paseo por los entresijos de mi cerebro), Ballerina irrumpe hoy en nuestra cartelera dispuesta a llenar de colores una de estas tardes grises de invierno. Sin más.




Plano subjetivo:

Cuando a mi hijo se le plantea un reto, el "¿y si no puedo?" suele ser lo primero que me lanza a bocajarro, como no, en busca de un punto de apoyo que le sirva para mover su aún reducido mundo. En estos casos yo siempre le respondo de la misma manera: "Si otros pueden, tú debes al menos intentarlo. Si nadie ha podido nunca, inténtalo igualmente porque quizás seas tú el primero que lo haga". Lo creas o no, el resultado siempre es positivo. Claro, manipular de esta manera el intelecto de un niño es fácil, pero ¿qué ocurre cuando nos enfrentamos a la misma tesitura de adultos? Pues que el resultado positivo no está del todo garantizado por mucho empeño que se ponga en él. Porque la respuesta, al igual que aquella que versa sobre hasta cuándo hay que perseguir un sueño, muta con el tiempo como nosotros mismos. Así de fácil y de complicado a la vez.

Soy partidaria de que a los pequeños hay que enseñarles que casi todo es posible si se pone suficiente empeño en ello (tampoco hay que venderles humo, todo todo no, pero casi). En realidad yo no he inventado nada, este es un antiguo refuerzo positivo de esos que dan sus frutos a la larga. A mí no me agradan especialmente esos padres negativos que cortan las alas de sus hijos con la boca llena de "noes" para que nunca abandonen el nido. Estos padres abonados al "tú no puedes", que pretenden superar sus propias frustraciones manejando los hilos de las vidas de sus hijos, acaban por generar tanta inseguridad en su descendencia que todos terminan anclados al mismo lugar en el que empezaron. No me agradan, ¡qué le vamos a hacer! No sé tú, pero yo tengo asumido que, como madre, no soy infalible. Soy humana y, por tanto, imperfecta. Me equivoco, no lo sé todo, borro lo que aparece en mi cabeza y, cuando intento dibujarlo de nuevo, nunca se parece a la idea inicial y hasta admito que lo que es bueno para mí no tiene por qué serlo para mi hijo, básicamente porque él no soy yo. Todo niño nace con un potencial de ingente dimensión que los adultos debemos enseñar a aflorar y fomentar. En ese sentido, si los pequeños nacen con alas lo mejor que podemos hacer es enseñarles a volar, tan lejos y tan alto como sus apéndices sean capaces de llevarles. Esa apertura de miras en la infancia conlleva con el tiempo la formación de adultos independientes y autónomos que, lejos de querer comerse el mundo o de perecer engullidos por él, pasean a sus anchas de norte a sur y de este a oeste. 

Porque de adultos todo es diferente. De adultos llegamos a comprender que los sueños tienen fecha de caducidad (cuando no además de consumo preferente). De adultos debemos canalizar nuestro propio potencial en la dirección correcta aun cuando esta no coincida con la soñada. Obcecarnos con ser un cantante de éxito pasados los cuarenta impedirá desarrollarnos como originales compositores o como críticos musicales o como DJ. Es en ese punto, llamado madurez, cuando la mayoría se rinde a lo evidente y agoniza presa de la más insolente rutina, ese momento en el que se hace imprescindible la presencia de alguien que te agarre por los brazos, te agite con cariño repetidas veces y te deje claro que lo que te diferencia del resto es lo que te hace único, salgas o no en las portadas de las revistas digitales. No lo olvides.

sábado, 31 de diciembre de 2016

"Déjate llevar", una canción de Coque Malla ft. María Rodés en "Mujeres" (2014)


Ficha Técnica:



Single: "Déjate llevar"

Álbum: Mujeres


Género: Pop

Intérprete: Coque Malla ft. María Rodés

País: España

Año: 2014



De oídas:


En ocasiones es preferible mantenerse en silencio a encadenar sin acierto palabras vacías de contenido. Hoy seré breve, el tiempo apremia.

He tenido la suerte de escuchar a Coque Malla a apenas dos metros de mí, sin escenario que medie altivo entre ambos, a ras de suelo. He tenido la inmensa suerte de disfrutar de la sencillez de un gran artista, uno de esos que, sin ser de mis preferidos, admiro por haber sabido mantenerse donde ha querido en cada momento, sin importarle estar arriba o abajo, con la satisfacción anónima de dos amantes bien avenidos en la cama.

Dudé, dudé mucho sobre qué canción de entre todas ellas elegir para finalizar este irregular 2016. Y es que musicar los sentimientos es lo que tiene, difícil de enfrentarse a la elección de qué dedo de la mano cortar o a quién querer más a mamá o a papá. En realidad, todo depende del momento, del cuándo, cómo y con quién (con los años he aprendido que los “por qué” siempre suponen una pérdida inútil de tiempo). Hasta el último minuto dudé entre la canción que da título a esta entrada y "Lo intenta", interpretada junto a Ángela Molina. Ese "Y pasa de largo el tren especial, y ya no te arriesgas, ya no lo intentas" me recuerda a las veces que perdemos una oportunidad de oro expuesta en una bandeja de plata, simplemente, porque no somos capaces de dar el primer paso, tal vez por miedo, tal vez por desconfianza, por falta de honestidad con uno mismo y con los demás, por tantas y tantas razones que pretenden justificar nuestra desidia vital. En fin. Huelga decir que la mayor de los Molina es grande, grande en su plenitud de significado, en todas sus acepciones... pero las voces de María Rodés y Coque Malla tienen la habilidad de desenredar un cabello enmarañado solo con los dedos, con infinita paciencia y dulzura, sin tirones, sin dolor. 

Acaba este irregular 2016 con la esperanza de que el impar por venir sea más llevadero. Que solo importe lo importante. Que las palabras necias sigan chocando contra los oídos sordos. Que te dirijas hacia donde te apetezca. Tú solo, sin condicionantes ni condiciones absurdas. Es posible si quieres. Déjate llevar.





A cappella:

Hay tantas cosas que echo de menos. Y tantas y tantas que echo de más. Las cuentas no cuadran nunca entre lo que tienes y lo que quieres, entre lo que quieres y lo que deseas, entre lo que deseas y lo que tienes. Con los años te sientes capaz de cuadrar las cifras para que no llamen demasiado la atención a ojos ajenos. Pasas los días haciendo y deshaciendo números para llegar a fin de mes con el lado derecho de tu cerebro, el creativo y pasional, en comunión con el izquierdo, el que corta las alas antes de que eches a volar para evitar así una hipotética caída. Y acaba otro año de la misma manera...  


Por eso, déjate llevar, hazme caso, déjate llevar aunque las cuentas no salgan, aunque termines el mes en negativo, aunque el rojo prime sobre el negro en tu extracto bancario. Déjate llevar porque, aunque te digan mil veces NO, siempre es mejor caminar bajo el sol en busca de un solo SÍ que permanecer sentado. Déjate llevar porque nada está escrito y, en cualquier caso, aunque lo estuviera, existen en la actualidad demasiados mecanismos para borrar aquello que no nos gusta. Reescribe tu propia historia, solo necesitarás una pizca de paciencia. Reescríbela. Da igual la fuente de la letra y el interlineado, a nadie le importa el estilo, créeme. Tú limítate a escribir para ti, sobre todo para ti. Y si tienes tanto tiempo como ganas, hazlo para los demás. Y si aún te queda algo de tiempo y ganas, hazlo para mí. Al fin y al cabo, bailamos al ritmo que nuestras propias circunstancias imponen y, aunque a veces nos venzan nuestras siluetas talladas en el sofá, ambos poseemos intacta la libertad de soñar. Déjate llevar, hazme caso, déjate llevar aunque no te motive la música que suena, aunque no te entiendas con tu pareja de baile, aunque te encuentres atado de pies y manos a una realidad asfixiante. Tú solo… déjate llevar. 

El tiempo no pasa en vano. 



¡FELIZ, VENTUROSO Y AVENTURADO 2017!

lunes, 7 de noviembre de 2016

"La niña alemana", una novela de Armando Lucas Correa (2016)


Ficha Técnica:


Título originalLa niña alemana

Autor: Armando Lucas Correa, periodista y escritor cubano

Género: Novela histórica

Páginas: 421

País: EE.UU.

Editorial: Ediciones B




Argumento: 

Hannah Rosenthal, una pequeña de apenas doce años, se ve obligada a huir de Berlín junto a sus padres en la primavera de 1939 a bordo del "Saint Louis", un transatlántico cargado de "impuros" rumbo a Cuba. En el Nueva York de 2014, Anna Rosen, una niña de doce años huérfana de padre, recibe un paquete desde La Habana remitido por una tía-abuela paterna de la que no tenía conocimiento. Dos vidas emparentadas que transcurren de forma similar en épocas y lugares diferentes al ritmo que el caprichoso destino les marca.


En la teoría:

En ocasiones, sin causa conocida ni efecto ideado, los astros se alinean a nuestro favor proporcionando cierta estabilidad al tambaleante día a día. Es cierto que las cosas no siempre salen como quisiéramos, pero eso nunca lleva implícito que necesariamente salgan mal. Por lo general, solo es cuestión de cambiar el "chip" y adaptarse a las circunstancias como si ellas fueran las manos y nosotros unos guantes de látex, no al revés. 

A día de hoy no son pocos los que me han recomendado que realice una crítica literaria en toda regla sobre esta novela. Que igual es el momento oportuno para que este modesto blog adquiera mayor visibilidad. Que "Ediciones B" está publicando en Facebook las reseñas que se están haciendo... las reseñas positivas, claro, esas que valoran más las cifras que las letras, esas que encumbran injustamente lo que se queda a mitad de camino. Te aseguro que he revisado muchas historias ajenas hasta llegar al punto en el que me encuentro ahora. Historias buenas y malas de aficionados y profesionales. Igual alguna vez ha primado el afecto a la hora de valorar un trabajo, pero nunca ese tipo de valoraciones las he hecho públicas. En un país donde la cultura se vende a precio de caviar de beluga, no es honesto publicitar como un número uno lo que a duras penas llega al diez para obtener uno mismo algo de rédito. 

A mediados de octubre llegó a casa un envío urgente con la última novela del cubano Armando Lucas Correa a dos semanas de su lanzamiento en nuestro país. Mi misión al respecto era sencilla: Ofrecer una opinión sincera sobre la historia que narra exclusivamente con ojos de lectora. En realidad, para mí resulta muy complicado leer sin más, sin que me chirríen los dientes ante una subordinada mal construida o por el uso incorrecto de un tiempo verbal, sin que me condicionen los cambios de narrador a lo largo de una misma historia por un problema de estilo o la continua repetición de un único enlace textual. El leer con un lápiz en la mano es algo que no puedo evitar, es como un cigarro entre los dedos de un fumador o como el "quiero, puedo pero no debo" en boca de un amante virtual. El defecto de una lectora imperfecta.
Los lectores consumados coincidirán conmigo en el privilegio que supone trabajar con los esbozos de una historia que, con suerte, saldrá a la luz. Esa es la gratificante tarea de quien maquilla a la guapa del instituto el día de la graduación o de quien se sumerge de lleno en el proceso creativo de otro: La buena base te viene dada, pero son solo tus manos las que la hacen brillar por encima de sus posibilidades y, aunque el resto de la humanidad no te reconozca en ella, tampoco tu ego lo necesita. Sin embargo hoy, excepcionalmente, no me ha tocado saltar la comba al principio, cuando más posibilidades hay de fastidiar el juego, si no al final, cuando ya el récord de saltos ha sido superado. 

Ediciones B, fiel a su colección histórica de libros para adultos, publica en nuestro país la primera novela de ficción de Armando Lucas Correa, editor jefe de la revista "People" en EE.UU. y supervisor de contenido de su versión digital (www.peopleenespanol.com). Basada en unos dramáticos hechos reales, la trama se divide en cuatro partes de irregular extensión. A grandes rasgos, la primera parte, la más pesada de leer, supone la preparación del viaje iniciático de las dos niñas protagonistas. La segunda parte, la más desgarradora, se centra en la travesía del "Saint Louis" desde Alemania hasta Cuba. La tercera explica y resuelve con cierta maestría las tramas abiertas a lo largo de la lectura. Y, por último, la cuarta parte es el final perfecto a una historia triste por necesidad.

No voy a mentirte, las 100 primeras páginas resultan peores que una mala digestión. Si esta lectura no fuera una agradable obligación, de seguro que me habría rendido antes de la página cincuenta. Y es que el autor alaaaaaarga sin necesidad la historia, se pierde en detalles que no aportan nada especial a la trama y ofrece tantas similitudes con novelas anteriores a la suya sobre el holocausto (La ladrona de libros, La llave de SarahEl niño del pijama de rayas o El diario de Ana Frank) que una no puede más que lamentar la suerte del que publica más por sus contactos conocidos (Boris Izaguirre está publicitando esta novela a través de Twitter) que por su talento. He sufrido esas primeras 100 páginas, me han desesperado como lo hace uno de esos caramelos durísimos que suelen arrojar sin reparo alguno a diestro y siniestro en las cabalgatas de reyes, uno de esos caramelos insulsos que parecen no terminar nunca por muchas vueltas que se les de en la boca. Sin embargo, una vez salvado ese escollo, es de justicia reconocer que la historia se transforma en un regalo de indescriptible belleza que emociona hasta la lágrima. No me gustan las novelas sobre el holocausto, para mí son la pena que todos debemos pagar por un atroz delito que solo unos pocos cometieron. Sin embargo, La niña alemana ha conseguido que me reconcilie con el género (como ya lo hiciera el éxito de Markus Zusak hace un par de años) porque no se regodea en ese momento tan cruento de la Historia, ni ahonda en quienes se resignan sin más a sus penurias, no justifica el proceder de ningún personaje ni exculpa a los responsables de la tragedia real en la que se basa la novela. No, nada de eso. En realidad, en las restantes 300 páginas, esas que emocionan y desgarran el alma a partes iguales, se nos recuerda gracias a dos niñas de apenas doce años que sobreviven en distinto lugar (Berlín - La Habana vs Nueva York) y tiempo (1939 vs 2014) que hay quienes aceptan lo que parece estar escrito pero no por ello dejan de avanzar con paso firme, pese a las adversidades, pese a las pérdidas, los obstáculos, la pena, la desesperanza. Vidas tan frágiles como los pétalos de una margarita que se deshoja al ritmo desesperanzado de un "me quiere, no me quiere". Tan real como la vida misma.

No me extenderé mucho más.
Aunque el estilo narrativo empleado no sea del todo de mi gusto, aunque creo con sinceridad que a la trama le sobran páginas, es justo valorar la gran capacidad creativa que supone el convertir en ficción novelada un acontecimiento real que tan de puntillas parece haber pasado a nuestro lado. 
En ese sentido, me ha sorprendido descubrir que aún hay partes de la Historia del siglo XX de las que no tenía la menor idea (Cuba primero, EE.UU. y Canadá después, abandonaron a su suerte a algo más de 900 pasajeros que huían de la Alemania nazi en el transatlántico "Saint Louis" con los papeles, al menos en principio, en regla). Me ha sobrecogido la entereza con la que "Ana con jota" acepta un destino marcado por la tragedia sin resignarse a convertirse en una víctima más de las circunstancias que la rodean. Me ha emocionado la necesidad de afecto de los personajes, los paralelismos de tantas vidas desiguales y, por encima de todo lo demás, el saber que en nuestro días también miles de personas abandonan sus pertenencias en países consumidos por la guerra y surcan los mares en busca de una oportunidad allá donde sea que se les permita vivir en paz. Nunca aprenderemos de nuestros propios errores, continuaremos cerrando nuestras puertas a cal y canto como si sentados en nuestros sofás estuviésemos protegidos de cualquier revés. Pero nadie ocupa el mismo lugar durante toda su vida, nadie. No lo olvides.  


En la práctica:

Con los libros me ocurre como con las personas: No me gusta juzgarlos solo por la portada ni dejarme llevar por la errónea impresión de los primeros diez minutos. Tampoco hago mucho caso a las opiniones vertidas por los demás, fundamentalmente porque los demás no soy yo, por eso, en ambos casos me tomo el tiempo necesario para decidir si llegar hasta el final o rendirme en la página cincuenta. Pocos son los libros que he dejado sin terminar, muy pocos... Muchas las personas que se han cruzado en mi camino de manera puntual. 
Hace unos días leí en algún lugar que las amistades que superan los siete años se consolidan como el hormigón armado cuando seca. ¿En serio?, ¿si superan los siete años? ¡Qué va! Yo no estoy de acuerdo con esa afirmación, no, porque no todo el mundo sabe o está preparado para ser amigo, porque hay quienes no conocen el verdadero sentido de compartir determinados momentos sin mayor atadura. porque incluso hay quienes son incapaces de valorar una buena amistad y de sentirse dichosos por ello. Tal vez por eso a mí con las personas a veces me ocurre lo mismo que con los libros: La expectativa inicial supera con creces una realidad que se va desinflando capítulo a capítulo, a medida de que te vas dando cuenta de que la otra persona no va a mudar de color cuando está contigo por mucho que se lo pidas. Cuando algo así ocurre, lo mejor sin duda alguna es dar carpetazo cuanto antes... 

Las oportunidades no son un concepto infinito. Las oportunidades se desaprovechan, se pierden, las disfrutan otros, se sueñan. Las oportunidades se aprovechan, se ganan, se agradecen, se buscan. Y, si pese a lo que lees, lo que intuyes y lo que imaginas, decides en la comodidad de tu sofá no cambiar ni una sola coma del texto original a sabiendas de que así no resultará ser un éxito de ventas, tendrás que asumir pues en solitario que, definitivamente, las oportunidades no son un concepto infinito. Cuídate.