viernes, 17 de febrero de 2017

"Manual de un tacaño", una película de Fred Cavayé (2016)


Ficha Técnica:






Título original: Radin! (¡Tacaño!)


Director: Fred Cavayé


Género: Comedia

Duración: 89 minutos


País: Francia

Estreno: 17/02/2017 en España

              






Sinopsis:


Nadie es perfecto y François Gautier, primer violinista de la orquesta local, lo sabe. Desde la tripa de su madre estaba destinado a ser un tacaño redomado, un chico asocial que no va al cine con chicas ni las lleva a cenar, un vecino problemático que no participa en las derramas comunitarias, un mal compañero que no contribuye en las colectas de cumpleaños de sus colegas. Ahorrar hasta el último céntimo es su mayor objetivo vital, por eso utiliza la luz de las farolas para iluminar su casa, cronometra el tiempo que pasa en la ducha y la cantidad de gel que utiliza, birla el papel higiénico de donde puede, consume productos caducados que le suponen problemas intestinales y va a pie a todas partes por no pagar transporte público ni gastar gasolina.
Un buen día, dos mujeres irrumpen en su vida dispuestas a ponerla patas arriba: Valérie, la nueva violonchelista de la orquesta que ve en Gautier un virtuoso del violín, y Laura, una chica de 16 años que asegura ser su hija. A partir de ese providencial momento ya nada será como antes... ¿o tal vez sí? 


Primer plano:

Hoy se estrena en nuestro país la que muchos se han aventurado a calificar como la comedia francesa del año. Quizás sea pronto para realizar este tipo de predicciones cinematográficas (solo han pasado cuarenta y siete días desde la entrada de 2017), aunque no cabe duda de que, digan lo que digan los entendidos, la película no solo se deja ver sino que cumple dignamente con su papel de comedia. Lo bueno de acudir a un preestreno es que no estás determinado por factores externos. Ninguna noticia en los telediarios, ninguna valoración en profundidad de la crítica nacional, a lo sumo alguna que otra sinopsis en webs especializadas en cine que se dedican a decir lo mismo pero con distintas palabras (¡así de rica es nuestra lengua!). En realidad, esta es la mejor manera de afrontar cualquier tarea, sin condicionantes de ningún tipo, ni buenos ni malos, algo así como beber de un solo trago un chupito de buena ginebra seca sin modernos aditivos. Y se agradece.

Aunque pueda parecer lo contrario, la historia en sí no está puesta al servicio de Dany Boon, su protagonista (cosa que no sucede en nuestro país con las comedias protagonizadas por monologuistas venidos a más). En este caso es él el que se amolda con soltura a un papel que le ha sido impuesto. En realidad podría haber sido cualquier otro, quizás el cómico desalmado Daniel Auteuil o el apátrida Gérard Depardieu, pero no. Porque, lejos de lo que pudiera parecer a principios del milenio cuando el cómico redundante de los noventa, Christian Clavier, empezaba a decaer en las salas, Dany Boon, casi una década después se comía el mercado internacional con la aclamada y versionada comedia Bienvenue chez les ch'tis (Bienvenidos al norte). Fue a partir de ese momento cuando se le erigió de manera tácita como el Louis de Funès del XXI. Lo cierto es que Monsieur Boon nunca ha destacado especialmente en nuestro país, ni como actor ni como director, ni siquiera como músico (pese a perlas como la versión de Piensa en mí de Luz Casal que puedes disfrutar pinchando aquí). Igual nunca nos lo hemos tomado en serio, igual es que él nunca ha pretendido que se le tomase así. 

Resulta curioso que, viviendo tan cerca del país galo, nos sintamos tan poco identificados con su cultura (sin ir más lejos, como nos ocurre con nuestros vecinos lusos). Es una verdadera lástima porque, nos guste más o menos, no somos tan diferentes los unos de los otros. Reímos, lloramos, nacemos, morimos, y entre tanto nos reproducimos (unos con mayor frecuencia que otros). Sí, admito que el estereotipo francés no resulta demasiado simpático: Chauvinistas como ellos solos, aficionados a protagonizar violentos disturbios por cuestiones raciales (sean estas a favor o en contra), amigos de las grèves donde tiran el contenido de los camiones españoles (los mass media actuales son tan seguidores de Julio César como la Iglesia, créeme)... pero lo cierto es que, para una que pasó un tiempo extraordinario viviendo en Brest, cuna de mi bienquerido Yann Tiersen, en Francia hay gente tan extraordinaria y gente tan gilipollas como las pueda haber en España. ¡Si es que no somos tan distintos! A mis ojos miopes y astigmáticos vivimos más atentos a los que nos diferencia del resto que a lo que nos asemeja y está claro que, si no nos sentimos como el otro, difícilmente podremos ponernos en sus zapatos. Pues eso es precisamente lo que le ocurre al gran Gautier, protagonista indiscutible de Manual de un tacaño: Como su conducta no es igual a la que tiene la mayoría, su conducta es reprobable por esa misma mayoría. Y no es mala, solo es diferente. Para él ahorrar es su modus vivendi, ajustar su presupuesto hasta el último céntimo es su día a día y, en realidad, a nadie más que a él hace daño este tipo tan obsesivo de comportamiento. Bueno, o tal vez no, porque el vivir en sociedad nos obliga en ocasiones a actuar como no deseamos. Si no se participa en un regalo común, malo. Si no se acude a cenas de empresa, peor. Si no vestimos a la moda y conservamos en mismo look desde los ochenta, malo. Si nos quejamos de las derramas vecinales, peor. Así transcurre la vida de Gautier, entre lo que desea hacer y lo que los demás pretenden que haga. Nada que ninguno de nosotros no haya probado en propia piel.

Me reí, mucho además, con esa tacañería cotidana llevada a veces al extremo. Hay situaciones tan surrealistas en esta película que no puedes dejar escapar al menos una gran sonrisa. No obstante, si hay algo que ha llamado poderosamente mi atención esos noventas minutos, ha sido el uso de la ambientación musical en propio beneficio de la historia. Curiosamente el artífice de esos reseñables arreglos no es otro que el compositor Klaus Badelt, el mismo que no acertó con Ballerina (y del que ya hablé en mi entrada anterior). Badelt juega con el espectador al punto de ser capaz de provocarle la risa y el llanto a partes iguales. Nada es lo que parece bajo su atenta mirada porque a hurtadillas maneja los hilos del espectador para cortarlos por sorpresa cuando menos se espera. Si en la película animada no acertó, en Radin! ocurre todo lo contrario y es justo reconocérselo. 


En fin, no creo que dentro de tres meses esta siga siendo considerada la comedia del año en Francia, no lo creo sobre todo porque parece que la llamada "comedia gamberra" está pegando fuerte por esos lares  (Pop Redemption, Vive la France, Les Gazelles dirigida esta última por Mona Achache, años después de su exitosa El erizo). No obstante de lo que no tengo dudas es de que no lo será en España. Aquí no estamos acostumbrados a este tipo de humor tan "louisfunesco", tan gestual, tan al estilo de los remedadores medievales, tan visual, tan lleno de matices. Nosotros somos más directos, más llanos, más espontáneos, ni mejores ni peores, solo diferentes. Tan diferentes como el bueno de Gautier. Si quieres, puedes y te apetece, disfruta del metraje. Ya luego me cuentas...




Plano subjetivo:

Todo en esta vida tiene el valor exacto que cada uno de nosotros le queramos otorgar. Lo que para unos puede resultar muy valioso, para otros no tiene por qué serlo. Es precisamente esta diferencia fundamental de criterio la que empuja a juzgarnos los unos a los otros, la mayoría de las veces sin conocimiento de causa, aun cuando sabemos que este tipo de juicios no conduce a ninguna parte. No me cabe duda de que los desencuentros vienen de la mano de la falta de diálogo, de la incapacidad para escuchar al otro, del deseo de remar siempre en una misma dirección, de la ausencia de empatía. Ese tipo de actitudes abren brechas incurables. Una auténtica lástima.

En esta película, más profunda de lo que pueda parecer a simple vista, el banquero y confesor de François Gautier sentencia algo que me gustó muchísimo: "Hay un momento en la vida en el que la única solución posible es pagar". Una de las mejores metáforas que he escuchado este año. Y es que en esta sociedad de prisas y agobios cada vez hay menos cosas gratis.

La verdad es que si tuviera que elegir entre los conceptos "conciencia" y "karma", sin duda alguna me quedaría con el segundo. No sé, el primero me recuerda a una oscura tradición religiosa que condena y mortifica, sin embargo el segundo, tan tradicional y religioso como el primero, me resulta más liberador. Los actos dañinos tienen consecuencias dañinas. Los benévolos las tienen benévolas. No hay mucho más. Cada cual es libre de hacer lo que quiera, pero las consecuencias de un solo pestañeo, tarde o temprano, se pagan. De eso sabe mucho Gautier. Yo también. ¿Y tú?


viernes, 27 de enero de 2017

"Ballerina", una película animada de Eric Summer y Éric Warin (2016)


Ficha Técnica:




Título original: Ballerina


Director: Eric Summer y Éric Warin


Género: Drama

Duración: 89 minutos


País: Canadá

Estreno: 27/01/2017 en España

              



Sinopsis:



Felicia y su inseparable amigo Víctor, recluidos en un orfanato de la Bretaña francesa, huyen rumbo a París en busca de una mejor suerte. Convencidos de que los sueños se cumplen si se lucha por ellos, ambos emprenden por separado su particular búsqueda. Mientras Víctor, en su afán por ser inventor, encuentra un hueco en el taller del ingeniero Gustave Eiffel en plena construcción de su famosa torre, Felicia, sin preparación previa, consigue presentarse a una audición en la escuela de baile de la Ópera para el papel de Clara en El cascanueces de Tchaikovsky. 






Primer plano:

Hoy se estrena en nuestro país Ballerina, una producción infantil francocanadiense curiosamente rodada en inglés (para mayor lucimiento de sus actores de doblaje: la hermanísima de EE.UU. Elle Fanning y el agrio emergente Dane DeHaan). Aunque su lanzamiento al público en Francia y Reino Unido fue el 14 de diciembre de 2016 y en EE.UU. está pospuesto para el próximo tres de marzo, hoy por fin llega a las salas españolas tras una semana repleta de preestrenos promocionales a lo largo y ancho de nuestra geografía patria (a uno de los que, por cierto, pudimos acudir). Animada en 3D como viene siendo habitual en las producciones infantiles ajenas a Disney-Pixar y DreamWorks (especialista en estos quehaceres), pretende sumergir a los pequeños cinéfilos en un tanto edulcorado mundo real en el que los sueños no "deben permanecer encerrados bajo llave". Y es que, si hay algo de lo que puede hacer gala esta cinta de segundas oportunidades vitales, es el ofrecer, entre fotogramas digitales y música pop de lo más simple, una valiosa lección de vida que va más allá del manido "los sueños se cumplen con esfuerzo": 


Cualquiera puede, si tiene a su lado a alguien que se lo haga creer. 

En sí, la forma se asemeja a un ballonné bien ejecutado, básico, sin mayor floritura, pero digno de ver. Sin embargo, el verdadero problema recae en el fondo y es tan evidente que, por mucho empeño que le pongan, esta no va a ser considerada la película del año, es más, me aventuro a asegurar que ni siquiera estará entre la más entretenidas y/o taquilleras de los interminables meses de invierno. Principalmente porque la historia de Felicia se queda corta, muy corta; porque toca demasiados temas sin ahondar en especial en ninguno de ellos, pasando por el día a día de la protagonista como una bailarina experimentada, de puntillas y sin hacer apenas ruido. Sí, soy consciente de que se trata de una película infantil, ¿y? Cualquier cerebro de entre tres y diez años puede procesar más información de la que imaginamos, ¿por qué, entonces, no ofrecer poca de buena calidad antes que mucha cogida con pinzas? ¡Vete tú a saber!


El pasado sábado 21 de enero pudimos disfrutar de su preestreno. Cosas que pasan. Y mientras esperaba a que se apagaran las luces de una sala medio vacía en la que el número de adultos doblaba al de los niños, me dio por preguntarme por qué el cine infantil gira últimamente alrededor de protagonistas femeninas, humanas (Vaiana en la película homónima, Tip en Home, Riley en Del revés, Tulip en Cigüeñas) o no (Dory en Buscando a Dory, Poppy en Trolls, Judy Hopps en Zootrópolis), protagonistas femeninas que han abandonado la espera pasiva de un príncipe azul en pro de la búsqueda activa de su propio yo. Estoy segura de que esto es algo que a mi hijo de seis años le pasa del todo desapercibido, de hecho ni siquiera creo que sea consciente de que el papel masculino en el cine infantil está relegado a roles secundarios que suelen aportar las notas de humor (Víctor en Ballerina, Martin en Buscando a Dory, Oh en Home, Nick en Zootrópolis, Brunch en Trolls), pero es que la espera en un cine rebosante de gritos y lloros puede resultar de lo más exasperante si no se es capaz de desconectar aunque sea llenando el cerebro de teorías feminista de conspiración. 


Echando la vista atrás, aún no entiendo bien por qué aquella mañana la sala estaba tan desierta. No sé a ti, pero a mí me resulta fascinante observar los ojos expectantes de un niño que mira absorto una manifestación artística de esta sencilla y popular envergadura. Sé muy bien que en nuestro país, por desgracia, la cultura no se vende a precio de saldo, pero los videojuegos tampoco y nuestros telediarios se hacían eco hace un par de meses de las kilométricas colas que se formaron para conseguir el último Call of Duty para la PS4. Imagino que todo es cuestión de priorizar los intereses particulares, de rentabilizar lo que se invierte, de no dar por perdido un dinero que por lo general no sobra y en esto, muy a mi pesar, el séptimo arte lleva las de perder. Cada cual es dueño de sí mismo y de lo que abulta sus bolsillos, por eso yo, a día de hoy, agradezco que mi hijo disfrute más viendo una película en el cine con papá y con mamá que ante la pantalla de una consola recluido en su habitación. Cuestión de priorizar, rentabilizar y de no dar por perdido.  

A lo que iba. A ojos de un niño de apenas seis años, Felicia y Víctor, los protagonistas de Ballerina, persiguen sus sueños por las calles de París ajenos a cualquier inconveniente que se les presente. A sus ojos da igual que sean huérfanos, que viajen sin equipaje o que vivan sin dinero, porque sus ojos aún no son conscientes de la irrealidad que proyecta esta historia. Sin embargo, a mis ojos todo transcurre con cierta normalidad aparente puesto que ambos se cruzan con personas valiosas que les ayudan a cambio de nada en la consecución de sus objetivos. Un amigo, una tutora, un mentor, sin los que ninguno de los dos habría visto cumplido sus sueños. No sé que pensarás al respecto, pero yo estoy convencida de que en esta vida no hay nada mejor para llegar a ser lo que quieres que una persona a tu lado que te lo haga creer. Lo sabes, ¿verdad? Si no, deja por un minuto todo lo que estés haciendo, solo será un minuto, quizás menos (uy, vaya, por un momento me he visto como Peeta Mellark hablando desde el Capitolio, en fin). Si miras hacia atrás en el tiempo, no me cabe la menor duda de que recordarás más de una piedra en el camino que ralentizaba tu marcha, tal vez algún pedrusco en la mochila que te obligaba a parar cada poco en el arcén perdiendo la esperanza de reemprender la marcha o una china en el zapato que te forzaba a cojear... Pero también sé que sonreirás al evocar la silueta de quien recogía sin mediar palabra una a una las piedras de tu camino para que no tropezaras con ellas, la de quien aligeraba el peso de tu mochila para que pudieras, al menos, plantearte reanudar la marcha o la de quien quiso prestarte sus zapatos para que volvieras a la normalidad. En eso consiste la vida, en afrontarla en buena compañía, aunque sea una compañía en la distancia, aunque permanezca muda durante un tiempo, aunque hagas como que ha dejado de existir para ti, aunque no crucéis vuestras miradas en el pasillo de casa. Puede que solo llegues más rápido, pero disfrutarás menos del trayecto y eso, precisamente eso, es lo que hace de Ballerina una historia muy recomendable para disfrutarla en buena compañía.


Pero, más allá de hora y media de venturas, aventuras y desventuras de dos huérfanos por las calles de un industrial París de finales del siglo XIX, hay algo que falla con gran estrépito en la película, algo básico para una historia de este tipo: la B.S.O. Conducida por el compositor alemán Klaus Badelt (conocido por sus colaboraciones con el afamado compositor Hans Zimmer, también alemán, responsable de las B.S.O. de Gladiator, Piratas del Caribe y de la oscarizada El rey león), mezcla de una forma bastante "frankensteiniana" composiciones instrumentales originales con una ristra de canciones pop de jovencitas de dudoso gusto musical que no pasan de los treinta y que, contra todo pronóstico, culminan el baile final de la película. ¡Todo un despropósito!

A ver, no era necesario ser demasiado creativo para haber utilizado en su favor a Tchaikosky, sobre todo porque Felicia, protagonista indiscutible de la historia, audiciona en la Ópera de París para el papel de Clara en la obra El cascanueces. ¡Pero cómo se ha podido pasar tan de puntillas por una pieza que haría GRANDE a esta simpática peliculilla infantil! Yo no soy una entendida del ballet, ni siquiera se me podría considerar una mera aficionada, pero conozco la indescriptible belleza de la "Danza del hada de azúcar" y el sonido punzante de la celesta. Una pieza así habría dado un juego increíble a una película ya de por sí visualmente arrolladora en sus movimientos de ballet más allá de las nostálgicas notas de una pequeña y desvencijada caja de música. Pero no, alguien que debió de pasar una mala noche en brazos de Morfeo decidió de manera equivocada que era más conveniente (por no decir absolutamente comercial) que los pequeños la asociaran con el "Confindent" de  Demi Lobato (pica aquí para escucharlo) o el "Unstoppable" de Camila Mora (haz lo propio aquí) antes que con cualquier pieza del inimitable Tchaikosky (pincha aquí para disfrutar de tres minutos y medio de puro romanticismo musical). ¡Una auténtica lástima! 

Sin entrar en más detalles (sabemos ambos que me pierdo con facilidad cuando paseo por los entresijos de mi cerebro), Ballerina irrumpe hoy en nuestra cartelera dispuesta a llenar de colores una de estas tardes grises de invierno. Sin más.




Plano subjetivo:

Cuando a mi hijo se le plantea un reto, el "¿y si no puedo?" suele ser lo primero que me lanza a bocajarro, como no, en busca de un punto de apoyo que le sirva para mover su aún reducido mundo. En estos casos yo siempre le respondo de la misma manera: "Si otros pueden, tú debes al menos intentarlo. Si nadie ha podido nunca, inténtalo igualmente porque quizás seas tú el primero que lo haga". Lo creas o no, el resultado siempre es positivo. Claro, manipular de esta manera el intelecto de un niño es fácil, pero ¿qué ocurre cuando nos enfrentamos a la misma tesitura de adultos? Pues que el resultado positivo no está del todo garantizado por mucho empeño que se ponga en él. Porque la respuesta, al igual que aquella que versa sobre hasta cuándo hay que perseguir un sueño, muta con el tiempo como nosotros mismos. Así de fácil y de complicado a la vez.

Soy partidaria de que a los pequeños hay que enseñarles que casi todo es posible si se pone suficiente empeño en ello (tampoco hay que venderles humo, todo todo no, pero casi). En realidad yo no he inventado nada, este es un antiguo refuerzo positivo de esos que dan sus frutos a la larga. A mí no me agradan especialmente esos padres negativos que cortan las alas de sus hijos con la boca llena de "noes" para que nunca abandonen el nido. Estos padres abonados al "tú no puedes", que pretenden superar sus propias frustraciones manejando los hilos de las vidas de sus hijos, acaban por generar tanta inseguridad en su descendencia que todos terminan anclados al mismo lugar en el que empezaron. No me agradan, ¡qué le vamos a hacer! No sé tú, pero yo tengo asumido que, como madre, no soy infalible. Soy humana y, por tanto, imperfecta. Me equivoco, no lo sé todo, borro lo que aparece en mi cabeza y, cuando intento dibujarlo de nuevo, nunca se parece a la idea inicial y hasta admito que lo que es bueno para mí no tiene por qué serlo para mi hijo, básicamente porque él no soy yo. Todo niño nace con un potencial de ingente dimensión que los adultos debemos enseñar a aflorar y fomentar. En ese sentido, si los pequeños nacen con alas lo mejor que podemos hacer es enseñarles a volar, tan lejos y tan alto como sus apéndices sean capaces de llevarles. Esa apertura de miras en la infancia conlleva con el tiempo la formación de adultos independientes y autónomos que, lejos de querer comerse el mundo o de perecer engullidos por él, pasean a sus anchas de norte a sur y de este a oeste. 

Porque de adultos todo es diferente. De adultos llegamos a comprender que los sueños tienen fecha de caducidad (cuando no además de consumo preferente). De adultos debemos canalizar nuestro propio potencial en la dirección correcta aun cuando esta no coincida con la soñada. Obcecarnos con ser un cantante de éxito pasados los cuarenta impedirá desarrollarnos como originales compositores o como críticos musicales o como DJ. Es en ese punto, llamado madurez, cuando la mayoría se rinde a lo evidente y agoniza presa de la más insolente rutina, ese momento en el que se hace imprescindible la presencia de alguien que te agarre por los brazos, te agite con cariño repetidas veces y te deje claro que lo que te diferencia del resto es lo que te hace único, salgas o no en las portadas de las revistas digitales. No lo olvides.

sábado, 31 de diciembre de 2016

"Déjate llevar", una canción de Coque Malla ft. María Rodés en "Mujeres" (2014)


Ficha Técnica:



Single: "Déjate llevar"

Álbum: Mujeres


Género: Pop

Intérprete: Coque Malla ft. María Rodés

País: España

Año: 2014



De oídas:


En ocasiones es preferible mantenerse en silencio a encadenar sin acierto palabras vacías de contenido. Hoy seré breve, el tiempo apremia.

He tenido la suerte de escuchar a Coque Malla a apenas dos metros de mí, sin escenario que medie altivo entre ambos, a ras de suelo. He tenido la inmensa suerte de disfrutar de la sencillez de un gran artista, uno de esos que, sin ser de mis preferidos, admiro por haber sabido mantenerse donde ha querido en cada momento, sin importarle estar arriba o abajo, con la satisfacción anónima de dos amantes bien avenidos en la cama.

Dudé, dudé mucho sobre qué canción de entre todas ellas elegir para finalizar este irregular 2016. Y es que musicar los sentimientos es lo que tiene, difícil de enfrentarse a la elección de qué dedo de la mano cortar o a quién querer más a mamá o a papá. En realidad, todo depende del momento, del cuándo, cómo y con quién (con los años he aprendido que los “por qué” siempre suponen una pérdida inútil de tiempo). Hasta el último minuto dudé entre la canción que da título a esta entrada y "Lo intenta", interpretada junto a Ángela Molina. Ese "Y pasa de largo el tren especial, y ya no te arriesgas, ya no lo intentas" me recuerda a las veces que perdemos una oportunidad de oro expuesta en una bandeja de plata, simplemente, porque no somos capaces de dar el primer paso, tal vez por miedo, tal vez por desconfianza, por falta de honestidad con uno mismo y con los demás, por tantas y tantas razones que pretenden justificar nuestra desidia vital. En fin. Huelga decir que la mayor de los Molina es grande, grande en su plenitud de significado, en todas sus acepciones... pero las voces de María Rodés y Coque Malla tienen la habilidad de desenredar un cabello enmarañado solo con los dedos, con infinita paciencia y dulzura, sin tirones, sin dolor. 

Acaba este irregular 2016 con la esperanza de que el impar por venir sea más llevadero. Que solo importe lo importante. Que las palabras necias sigan chocando contra los oídos sordos. Que te dirijas hacia donde te apetezca. Tú solo, sin condicionantes ni condiciones absurdas. Es posible si quieres. Déjate llevar.





A cappella:

Hay tantas cosas que echo de menos. Y tantas y tantas que echo de más. Las cuentas no cuadran nunca entre lo que tienes y lo que quieres, entre lo que quieres y lo que deseas, entre lo que deseas y lo que tienes. Con los años te sientes capaz de cuadrar las cifras para que no llamen demasiado la atención a ojos ajenos. Pasas los días haciendo y deshaciendo números para llegar a fin de mes con el lado derecho de tu cerebro, el creativo y pasional, en comunión con el izquierdo, el que corta las alas antes de que eches a volar para evitar así una hipotética caída. Y acaba otro año de la misma manera...  


Por eso, déjate llevar, hazme caso, déjate llevar aunque las cuentas no salgan, aunque termines el mes en negativo, aunque el rojo prime sobre el negro en tu extracto bancario. Déjate llevar porque, aunque te digan mil veces NO, siempre es mejor caminar bajo el sol en busca de un solo SÍ que permanecer sentado. Déjate llevar porque nada está escrito y, en cualquier caso, aunque lo estuviera, existen en la actualidad demasiados mecanismos para borrar aquello que no nos gusta. Reescribe tu propia historia, solo necesitarás una pizca de paciencia. Reescríbela. Da igual la fuente de la letra y el interlineado, a nadie le importa el estilo, créeme. Tú limítate a escribir para ti, sobre todo para ti. Y si tienes tanto tiempo como ganas, hazlo para los demás. Y si aún te queda algo de tiempo y ganas, hazlo para mí. Al fin y al cabo, bailamos al ritmo que nuestras propias circunstancias imponen y, aunque a veces nos venzan nuestras siluetas talladas en el sofá, ambos poseemos intacta la libertad de soñar. Déjate llevar, hazme caso, déjate llevar aunque no te motive la música que suena, aunque no te entiendas con tu pareja de baile, aunque te encuentres atado de pies y manos a una realidad asfixiante. Tú solo… déjate llevar. 

El tiempo no pasa en vano. 



¡FELIZ, VENTUROSO Y AVENTURADO 2017!